Unas raíces que se hunden en 1947

Monteagudo halló el castro de Elviña con una ayuda de 10.000 pesetas

Vista aérea del estado actual del castro de Elviña tras las últimas excavaciones.
Vista aérea del estado actual del castro de Elviña tras las últimas excavaciones.

A Coruña

Su silueta destacaba en el paisaje. Estaba situado en una pequeña elevación entre el valle de Elviña y el valle de Mesoiro. Apenas había vegetación arbórea y a sus pies se extendían numerosas leiras y huertas que los campesinos cultivaban para su autoconsumo y para vender sus productos en los mercados coruñeses. Los habitantes de la zona conocían su existencia desde tiempo inmemorial y, de boca en boca, contaban que allí, en el monte dos Curutos, había una «trabe de ouro» y ocurrían diversos encantamientos. Era y es el castro de Elviña.

El salto del conocimiento popular a la investigación científica empezó en 1946. A finales de ese año, el profesor de Prehistoria de la Universidad de Santiago, Luís Monteagudo, y el profesor de Historia Antigua, Parga Pondal, presentaron en la facultad de Filosofía y Letras un proyecto de actuaciones arqueológicas en Galicia que pretendían empezar por el castro de Elviña. Como necesitaban recursos económicos para llevar a cabo las excavaciones, solicitaron ayuda al Ayuntamiento coruñés que decidió subvencionarlas con diez mil pesetas. Poco después, en febrero de 1947 consiguieron permiso de los propietarios de las fincas donde pensaban empezar a excavar. La zona escogida fue la denominada A Cabaxe, en la falda oriental del castro, porque, aunque no había ningún rastro arqueológico concreto, el topónimo, según el profesor Monteagudo, podría indicar un lugar donde había cabañas. Acertó.

Pero en marzo de ese año todo quedó paralizado por un problema de competencias. La Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas del Ministerio de Educación les comunicó que le correspondía autorizar las excavaciones y que debían contar el informe favorable del Comisario Provincial de A Coruña, José María Luengo. El conflicto se resolvió el 31 de julio mediante un acuerdo por el que la dirección técnica recaería en Luengo y sería auxiliado por Monteagudo (Parga Pondal nunca fue al castro). El enfrentamiento entre ellos sería permanente.

Las excavaciones se iniciaron el 1 de septiembre y acabaron el 24. Los informes de ambos investigadores nos permiten conocer lo que encontraron. Sacaron a la luz un tramo de la gran muralla de la croa, con una altura conservada de 2 a 3 metros y una anchura de unos 4 a 5 metros; también descubrieron en ella una puerta, defendida por torreones, con una rampa escalonada de piedra que daba acceso a la croa. Así mismo desenterraron parcialmente varias construcciones, destacando un gran edificio formado por varias dependencias y un recinto semicircular cupuliforme en uno de sus lados (hoy conocido como la casa de la exedra). Entre los restos materiales, además de numerosos fragmentos de cerámica castrexa y romana, destacaron una fíbula de bronce, una moneda del emperador Tiberio y un fragmento de pulsera de oro. Todo anunciaba la gran importancia histórica del castro. Campañas arqueológicas posteriores lo confirmarían y darían origen a diversos y sucesivos proyectos de crear un museo y un parque arqueológico.

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