En apenas cinco días los ayuntamientos del área metropolitana han dado pasos para gestionar de forma conjunta dos servicios básicos: la recogida de basuras y el suministro de agua. En el primer caso con la puesta en marcha de una comisión mixta Ayuntamiento-Consorcio que estudiará el futuro de Nostián, en el segundo con un acuerdo a cinco para que Cambre, Culleredo, Arteixo y Oleiros se integren en la empresa que gestionará la estación depuradora de aguas residuales (EDAR) de Bens.
Estas dos decisiones evidencian el profundo cambio que están experimentando las relaciones entre los ayuntamientos de la comarca, un auténtico deshielo que muchos ciudadanos querrán que se convierta en la norma. El alcalde, Carlos Negreira, y su gobierno no han dudado en destacar los «avances» que se están produciendo gracias a esa actitud de colaboración.
El regidor sostiene además que con ese talante también se están logrando inversiones de otras administraciones, principalmente del Puerto, de la Xunta y del Gobierno central, para infraestructuras claves para la ciudad y la comarca, como punta Langosteira, el soterramiento del tráfico en la Marina, la ampliación de Alvedro, o la tercera ronda.
No se puede obviar que esa colaboración se produce entre administraciones controladas por el mismo grupo político, el PP, así que la armonía se debería dar por descontada.
Pero no ocurre lo mismo en la comarca, donde también hay alcaldes independientes, como Ángel García Seoane (Oleiros), o regidores socialistas, como Julio Sacristán (Culleredo), que han participado en los dos acuerdos firmados estos días.
Ayer mismo, tanto los responsables del Consorcio, como Negreira destacaron la cordialidad del encuentro para tratar sobre el futuro de Nostián. La decisión del alcalde de A Coruña de dar entrada en la gestión de la planta a nueve ayuntamientos que aportan casi la mitad de su producción es difícil de discutir.
Es más, ayudará a evitar conflictos como los ocurridos en el pasado, cuando el Ayuntamiento de A Coruña aceptaba un cambio en las tarifas y los municipios del área se veían obligados a acatarlo sin que tuviesen oportunidad de negociar con la empresa adjudicataria.
Sin duda, los aprietos económicos habrán contribuido a esta buena vecindad entre ayuntamientos, pero es indudable que el cambio de talante contribuye. Lo puso sobre la mesa a su manera el alcalde de Arteixo, cuando la semana pasada, tras rechazar la fusión con A Coruña, recordó a los socialistas que gobernaron la urbe como «una ciudad estado durante 20 años».