Diez años para transformar el puerto

En un lustro Repsol se habrá ido, pero harán falta cinco años para desmantelar la parcela


A Coruña / La voz

El medio siglo que pronto cumplirá la refinería marca el estrecho vínculo de la ciudad con el petróleo. El oro negro es sin duda un importante motor económico en la ciudad. Repsol genera hoy en el puerto el 55 % de los tráficos y sus instalaciones dan empleo a cientos de trabajadores.

A Coruña y el crudo tienen una relación simbiótica. Lo que es bueno para la empresa lo es también para la ciudad. Claro que hay notables excepciones, como cualquier coruñés recuerda. El Mar Egeo y el Urquiola de modo directo, y el Prestige más tarde y de forma más tangencial, hicieron en su día que la cara menos amable del petróleo saltara con toda su crudeza.

Estará Brufau

Esos accidentes han sido uno de los motivos por los que esa estrecha relación entre la petrolera y la urbe vaya, al fin, a cambiar. Esa transformación empezará mañana con la firma de un papel entre el presidente de la Autoridad Portuaria y responsables de Repsol, entre los que estará su presidente ejecutivo, Antonio Brufau Niubó. Al acto también asistirá la ministra de Fomento, Ana Pastor, los alcaldes de A Coruña y Arteixo y la conselleira del Mar. Es el convenio que marca el inicio de una mudanza que se completará en el 2018.

Para entonces se habrá completado la primera fase del traslado de la empresa desde San Diego a Langosteira, un movimiento que será gradual, ya que la compañía no parará su producción. En cinco años esta deberá hacerse íntegramente desde Langosteira. Quedarán entonces por delante otros cinco años para desmantelar la parcela. De allí desaparecerán los grandes depósitos de combustible y, sobre todo, dejará de estar operativo el poliducto de 6,4 kilómetros que atraviesa la ciudad.

La historia del gran cambio del puerto empezó a gestarse en la época del Mar Egeo, pero no se puso, negro sobre blanco, hasta que Francisco Vázquez consiguiera incluir el puerto refugio en el Plan Galicia. Y no hubo vuelta atrás. Una década después el camino empieza a despejarse. Fueron necesarios cuatro años de negociaciones con Repsol para llevar a buen puerto su cambio de ubicación, que permitirá a la empresa, además, ganar espacio para posibles ampliaciones. Con el crudo a buen recaudo en Langosteira y los petroleros navegando sin entrar en la ría, será el momento de urbanizar los terrenos que quedarán libres en San Diego y de cuya venta ha de salir una parte sustancial de los fondos para financiar las obras del puerto exterior.

Falta por definir qué se ha hacer en un lugar que aspira a ser uno de los más exclusivos de la ciudad. El diseño de esa inmensa parcela es otra batalla para la que todavía hay tiempo, concretamente una década.

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