Era un tren expreso procedente de Madrid que se dirigía hacia A Coruña. De esta ciudad había salido un tren automotor que se dirigía a Ferrol. Chocaron en las inmediaciones del apeadero de Cecebre y el impacto fue tal que «el automotor quedó empotrado totalmente en la locomotora», decía en la reseña del suceso el diario ABC el día 7 de diciembre de 1950.
Este accidente ferroviario había ocurrido el día anterior pasada la una y media de la tarde. El siniestro se saldó con cinco muertos y «numerosos heridos», decía la publicación.
María, una vecina de Cecebre recuerda lo ocurrido en un siniestro de la que fue testigo y en el que el automotor, que llevaba unos cuarenta pasajeros, se llevó la peor parte. Prueba de ello es que en este tren viajaban los cinco fallecidos, entre los que estaba José Vázquez Vázquez, un vecino de Betanzos, a donde se dirigía para bautizar a su hijo que había nacido hacía unos 15 días. Vázquez tenía 24 años, tres menos que Fernando Pernas Gil, otro de los fallecidos, agente comercial y también vecino de Betanzos.
También betanceiro era el conductor del automotor, Marcial Rey Martínez, de 40 años, que residía en la zona de Infesta y también murió en el siniestro. Otra de las víctimas fue Francisco Fernández Ferrari, de 42 años, casado y padre de tres hijos y jefe de la que entonces se denominaba estación suplementaria de Pontedeume. El quinto fallecido fue el ferrolano Antonio Rodríguez Cabo, de 30 años. Los vecinos de Cecebre, que tenían a Wenceslao Fernández Flórez como uno de sus usuarios habituales del tren, se volcaron en ayudar a los afectados por el accidente.