La Inquisición castigó a Juan Rezano, un oficial de correos marítimos
07 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Vivía en una sociedad vigilada. Cualquiera lo podía denunciar, ese mismo día o al cabo de unos años, por sus opiniones, por sus hábitos, por sus escritos, por sus libros, por todo lo que decía o hacía a lo largo de su existencia. El tribunal de la Inquisición recibiría la denuncia y actuaría de forma implacable.
Juan Rezano Imperiali, de 55 años, viudo y sin hijos, era genovés. Cristiano viejo y de distinguida familia llevaba muchos años trabajando para la Corona española. Había participado desde 1742 en las guerras de Italia, acompañando al infante Felipe de Borbón y Farnesio en la conquista del ducado de Parma, fue secretario de la Capitanía General de Zaragoza y desde 1776 estaba en A Coruña como oficial segundo en la Contaduría de la Dirección de Correos Marítimos. Era de «genio disputador», libertino con las mujeres y hablaba con «demasiada libertad» en asuntos de religión. Eso sería su perdición.
En julio de 1778 los frailes capuchinos Fidel de Segovia y Jacinto de Victoria estaban de misión predicando en la ciudad. Sus admoniciones causaron efecto entre el público, especialmente el requerimiento de que si alguno sabía de alguien que tuviese «libros prohibidos de Voltaire o de Rousseau» debía denunciarlo. Manuel de Roche y Navarro, de 41 años, y Francisco Rubio Carrillo, de 32 años, contador y escribiente respectivamente en la Dirección de los Correos Marítimos, se acercaron a ellos y para «descargo de su conciencia» contaron que Juan Rezano tenía o leía libros prohibidos y que además le habían oído decir, desde hacía años, que «no había infierno» y que «el alma era mortal».
El 19 de julio fray Fidel de Segovia envió una carta, relatando lo que le dijeron, al Tribunal de la Inquisición que tenía su sede en Santiago.
Denunciado por compañeros
Poco después se inició una causa inquisitorial contra Rezano que hoy se conserva en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. Durante meses los inquisidores fueron interrogando a numerosas personas, empezando por los delatores y continuando con todos aquellos que iban apareciendo citados en las sucesivas declaraciones. Poco a poco fueron obteniendo numerosos datos sobre las opiniones y el comportamiento de Rezano, confirmando lo denunciado y desvelando que además negaba la existencia del diablo, la validez de los sufragios por las almas y los pecados de lujuria; también descubrieron que ya tenía antecedentes sobre lo mismo en Zaragoza El 30 de enero de 1781, Rezano entró preso en las cárceles de la Inquisición, sus bienes fueron embargados y sus cartas y libros revisados.
El 13 de agosto de 1781 la Inquisición dictó su sentencia. Sería absuelto ad cautelam, gravemente reprendido y desterrado de Santiago, Madrid, Coruña y Zaragoza por cuatro años; además debía, antes de salir de la cárcel, abjurar de sus herejías y hacer 15 días de ejercicios espirituales, y, después, durante un año, ayunar todos los viernes, confesar y comulgar en las tres Pascuas y en las festividades principales de la Virgen y rezar un tercio de rosario y los tres credos de rodillas todos los días.