Fallece el pintor Jorge Peteiro

El artista, de 53 años, deja obras icónicas del paisaje urbano como la escultura del Aquarium Finisterrae de A Coruña


A Coruña

La mirada del pintor Jorge Peteiro (A Coruña, 1959) se apagó ayer para siempre en su casa-estudio de Vilar (Sada), donde luchó durante los últimos meses contra un cáncer que, a pesar de todo, no había logrado arrebatarle ese vitalismo indómito que derramó durante décadas en su pintura.

Peteiro inició su andadura creativa en su ciudad, en los inquietos años setenta, deambulando entre el teatro independiente, los fanzines y sus primeros murales urbanos. En su primera exposición individual en 1984, en la ya extinguida sala de Caixa Galicia, el crítico Fernando Mon ya detectó la clave de su obra: «Peteiro está en posesión de unas ideas muy claras sobre la esencialidad de la luz». Porque ya desde un primer momento este creador entusiasta, panteísta y hedonista a partes iguales, que como sus obras llegó a convertirse en un elemento más del paisaje urbano de A Coruña, se adueñó de un estilo propio y de una mirada, luminosa y vitalista, que han forjado sus señas de identidad durante más de tres décadas.

Compaginó durante esos primeros años el arte con la docencia, que ejerció en varios institutos gallegos, de Ortigueira a Cambados, hasta que en 1990 dejó las pizarras y se trasladó a Nueva York, donde su carrera cobró un giro esencial. Era la perspectiva que necesitaba para regresar a Galicia, a sus bártulos y a sus lienzos. A Peteiro había que verlo así, en plena faena, entre sus botes y sus pinceles. En el bajo casi clandestino que tenía en Calvo Sotelo, en A Coruña, recluido entre sus cacharros y con una broma siempre lista en los labios para restar pompa al misterio del arte, que para él consistía, en plata, en trabajar y jugar, en el sentido más noble de esta devaluada palabra. El pasado diciembre, en su última entrevista en La Voz -con la que colaboró habitualmente y para la que diseñó una colección de pines de A Coruña-, subrayaba que de su paso por el colegio recordaba, en esencia, el patio: «Yo no fui al colegio, fui al recreo». El juego, siempre al acecho, desde la infancia hasta estas últimas reflexiones.

Esa mirada lúdica y felizmente ingenua bañó toda su obra. Colorista y luminoso, su estilo personal e intransferible se lee en todas sus creaciones: pinturas, murales, esculturas y grabados, entre las que se pueden destacar obras ya icónicas como el pez que recibe al visitante en el exterior del Aquarium Finisterrae de A Coruña, la pieza de gran formato que luce en la residencia del presidente de la Xunta en Monte Pío o el cuadro que alumbra la sonrisa de los pacientes en el vestíbulo de la unidad de Cardiología del Chuac.

Entre sus más de treinta exposiciones individuales sobresalen la muestra de obras de gran formato que exhibió en 1998 en la añorada Estación Marítima coruñesa o la que en el 2000 le dedicó la Casa da Parra de Santiago al hilo de la capitalidad cultural europea de Compostela.

La familia y los amigos de Jorge Peteiro celebrarán hoy un acto civil de despedida, a las 16.30 horas, en el tanatorio Servisa de A Coruña.

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