El cortejo fúnebre volvió a escenificar su dolor por el fin de la fiesta
14 feb 2013 . Actualizado a las 12:38 h.A la celebración más canalla del calendario festeiro coruñés no quisieron faltar ayer un Papa y muchos papables, ahora que Benedicto XVI deja el puesto y por eso de que el entierro de la carnavalesca sardina o parrocha (denominación en las Rías Altas para este pez) aúna siempre a mucho cardenal engalanado.
Hubo también mucha lágrima de cocodrilo entre los participantes en la comitiva fúnebre, que cada año se parece más a un desfile con las últimas tendencias en el sector del luto. No faltaron los tocados y las pamelas, solo visibles en A Coruña en fiestas de postín, ni los fracs y las chisteras en el apartado masculino. También mucha perla, quizás porque se asocian a las lágrimas, y las últimas caretas hasta la fiesta del próximo año.
Encuentro en la plaza de España
El programa se cumplió a la perfección. La sardina salió a hombros del bar Pardillo para encontrarse con el Dios Momo, en la plaza de España, desde donde partieron tres carrozas hasta la playa de San Amaro.
El apartado musical fue variado. De una versión sui generis de cantos gregorianos -a los que siguió un más que irreverente responso-, al blues festivo de Miki Nervio & the Bluesmakers y los sones latinos para el arranque de la comitiva, lo que hacía que más que un entierro esta particular procesión pareciera toda una verbena. El silencio asociado a este tipo de ceremonias no se cumplió ni un solo minuto y tanta fiesta no hizo más que sumar fieles a la ceremonia.
Mientras, en San Amaro muchos devotos esperaban para dar el pésame y ver los fuegos de artificio que despidieron la quema del carnaval escenificado en el Momo. Más complicado fue despedirse de la sardina y que esta tuviese su último descanso en el mar. Las olas la devolvían una y otra vez a la arena y cuando ya casi solo quedaban rescoldos de la gran lumeirada en la que se convirtió el dios del entroido, y tras destrozarse la barca en la que debía superar el minioleaje del arenal, el pez se adentró por fin en la ensenada. Se espera su resurrección en poco más de cuatro meses, para el San Juan.