Un clarinetista coruñés que colecciona premios


Ganó todo lo que se puede ganar por Galicia adelante en lo que a concursos musicales se refiere. Hace unos meses le entregaron el premio a la excelencia musical del certamen que convoca la Fundación Paideia (ayer me regaló el cedé que grabó como premio titulado Clarinete y siglo XX) y este fin de semana también consiguió el primer premio en la undécima edición del certamen José Valcárcel que se celebró en el Teatro Principal de A Estrada. «Concursos de este tipo no hay más en Galicia y es una pena. Nos presentamos 26 músicos, la mayoría de nuestra comunidad, aunque había dos portugueses y hasta un chico de Albacete que quedó de segundo. Estuvo muy bien organizado», comenta Emilio Alonso Espasandín, coruñés de 22 años, de padre lucense y madre da Costa da Morte. Ya es licenciado en clarinete, con lo que ahora «hay que optar por tocar en alguna orquesta sinfónica o dar clases. A mí me gustaría la primera opción, aunque hay otra, abrirse paso como solista, pero es muy complicado y más tal y como está el mundo en todos los sectores», comenta. Lleva un año cursando un máster específico en el conservatorio de Oporto a las órdenes del maestro António Saiote. «Es un hombre reconocido internacionalmente y estoy encantado y aprendiendo mucho», apunta Emilio, que también fue finalista este año en un certamen internacional celebrado en Serbia. El concurso que ganó en la comarca del Deza está dotado con 600 euros, que «por tocar un día no está mal», asegura sonriente este clarinetista coruñés que colecciona premios. «Es la forma de darme a conocer», reconoce.

b>Insignias especiales

Con motivo de la reciente festividad de Santa Teresa de Jesús, los Agentes de la Propiedad Inmobiliaria celebraron un acto especial en el restaurante del Sporting Club Casino en el transcurso del cual impusieron insignias de oro a los que cumplieron 35 años de colegiación ininterrumpida. Lo más curioso de la celebración es que en entre los distinguidos estaba el propio presidente del colectivo, Herminio Carballido, que, como es lógico, no se la impuso a sí mismo. «Lo hizo el secretario del colegio, Alberto Dopico, que además ponerse una insignia no es fácil», comenta con buen humor. Los otros protagonistas fueron Ramón Figueroa Suárez, Aurora Barreiro Fandiño y Manuel Rodríguez Quintela.

Bodas de oro

Conocí a Vituca Casal Suárez hace ya bastantes años, cuando estaba en activo y era una enfermera emblemática del hospital Materno Infantil Teresa Herera. Desde que se jubiló coincidí con ella en varias ocasiones y hace unos días me contó, como siempre ilusionada y cargada de vitalidad, que acababa de celebrar sus bodas de oro matrimoniales. Se casó con Antonio Cachón Villar en 1962, en la colegiata de Santa María la Mayor y Real de Sar, en Santiago de Compostela, y medio siglo después volvió a situarse ante el altar con su marido, aunque en este caso en un templo de Valladolid, en la iglesia del Salvador. «Es que allí tenemos mucha familia y amigos», comenta Vituca, que durante la ceremonia hizo una semblanza de su esposa «que hizo llorar al todo el mundo», reconoce la autora del texto. Una suerte poder llegar a esas edades con buena salud y disfrutar con los familiares de vivencias de más de media vida juntos. Felicidades.

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