Los concejales de Tráfico se sienten como la histórica cantante Cecilia. Cada mes de septiembre, como siempre sin tarjeta, no reciben un ramito de violetas, sino una sucesión de atascos que colapsan los accesos a la ciudad. La escena se repite invariablemente desde hace años. Y los puntos negros siempre son los mismos. Echar balones fuera es una estrategia equivocada, porque el atasco siempre acaba volviendo. Pero es hora de que todas las administraciones implicadas se sienten a la misma mesa y acuerden un plan de actuación conjunta que impida que las retenciones asfixien la entrada en la ciudad, el acceso a los polígonos y el entorno de Nuevos Ministerios o los juzgados. ¿Cómo hacerlo? Partiendo de la base de que no hay recetas mágicas, urge un plan de choque. El principal cuello de botella está en Alfonso Molina. La conexión de la principal arteria con la autopista y las intersecciones con Ponte da Pedra (para acceder a la Grela y a la AG-55) y Matogrande (para Pocomaco) son los puntos en los que ya no vale una acupuntura y sí se requiere una cirugía más profunda en varios sentidos. El problema es que ese tramo es limítrofe entre las competencias de la Guardia Civil y la Policía Local, con lo que unos y otros se inhiben en el meollo de la cuestión. La tan demandada Junta de Seguridad Local que el PP consiguió poner en marcha tras casi una década de espera podría dedicar alguna de sus sesiones mensuales a abordar la coordinación de un dispositivo policial que sirviera para dar fluidez a la zona y evitar las aglomeraciones que aún son susceptibles de empeorar en cuanto empiece a llover.
Cuentas pendientes con Fomento. Pero no solo por los agentes, o la falta de ellos, se montan los atascos. La avenida de Alfonso Molina es un claro ejemplo de los eternos incumplimientos del Gobierno central, más allá de las siglas del que ocupe la poltrona, con la ciudad. Un parche pendiente cuyo presupuesto asciende a menos de diez millones de euros duerme en los distintos cajones del ministerio desde el 2005. No sería la panacea, pero serviría para resolver algunos de los tramos más conflictivos de la vieja Lavedra. Los presupuestos que se conocerán en los próximos días servirán como termómetro para ver si la segunda ministra gallega del ramo es capaz de solucionar una obra menor para un departamento como el suyo.
Pero también falta por ver el compromiso de la Xunta. Desde que se anunciara a bombo y platillo y con foto oficial la puesta en marcha de una nueva carretera, el Vial 18, para descargar Alfonso Molina, nada más se ha sabido de otra actuación con un coste asumible incluso en tiempos de crisis y para el que hay diversas soluciones de financiación. Por último, el Ayuntamiento también tiene deberes. La urbanización del Ofimático contemplaba un puente para enlazar con la avenida de la Universidad que los estudios técnicos ven ahora inviable. Descartada la opción de soterrar el tráfico, como proponía Busquets, habrá que solucionar las conexiones entre ambos lados de la avenida. Y luego, sí, agentes.
Cortina de humo en Oleiros
Como todos los políticos acostumbrados a manejar los resortes del poder, el alcalde de Oleiros, Ángel García Seoane, sabe como nadie aplicar el principio americano del «wag of dog» -cortina de humo- para distraer la atención sobre los problemas realmente serios. Fueron muchos los que se sorprendieron a comienzos de semana con una convocatoria de Gelo al estilo Esperanza Aguirre: «Rueda de prensa urgente en el Concello». En su caso no era para dimitir, sino para cargar contra dos vecinos del municipio, que pagan sus impuestos en Oleiros y que, además, son jueces, por una supuesta prevaricación en un contencioso que tiene más de choque de índole personal que de tipo político. Un día después, el misterio se desvaneció, al menos parcialmente. El alcalde tendrá que presentar al pleno del próximo martes un amplio abanico de facturas pendientes, por importe de más de ochocientos mil euros. Y eso pocos meses después de poner, teóricamente, el contador a cero acogiéndose al plan de ajuste financiado por el Estado. La cortina de humo duró lo que duró, pero esas facturas pueden suponer la pérdida de empleos y el cierre de empresas. Cuidado.