¿Duerme Rajoy?

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

A CORUÑA

Abrir cada día el telediario despoja inevitablemente de humanidad. Resulta difícil aceptar que Mariano Rajoy es un señor hecho de carne. Es un extraño fenómeno. Cuanto más expuesta a las cámaras está una persona menos real parece. Con cada frame que suman a su biografía pública los personajes populares pierden un átomo de humanidad, hasta ser una especie de entes incorpóreos que se apagan y se encienden con el mando del televisor. Son como aquel niño de Inteligencia artificial, críos de apariencia normal pero tan sobreactuados en sus afectos que se intuye a la primera que bajo esa cara superhumana hay circuitos y placas base. En esta progresión hacia el no-hombre, los espectadores les damos una entidad que nada tiene que ver con la del vecino de enfrente, si aceptamos que este atesora y representa el concepto de normalidad. A los populares, incluidos los de la política, ni siquiera los imaginamos en cualquiera de nuestras obligaciones animales, esas que nos permiten alimentarnos o liberarnos de residuos. Son, pobres, una construcción colectiva sin acento humano de la que supongo son las primeras víctimas. Por ejemplo, en este trance en el que andamos, ¿qué tal duerme Rajoy? ¿Cómo gestiona esa hora de reseteo previa al sueño en la que la vida se te atraganta hasta el sofoco? ¿Cree que tiene un trabajo más o comprende que cada una de las decisiones que toma afecta de manera brutal a sus congéneres? ¿Actúa como los cirujanos, obligados a cosificar al enfermo para poder meterles el escalpelo y así abstraerse de que lo que reposa en la bandeja es un corazón? ¿Con qué sueña Rajoy? ¿Con que usted viva mejor o con ganar las próximas elecciones?