Alvedro y Langosteira, ejes de futuro

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira CRÓNICAS DESDE LA TORRE

A CORUÑA

29 abr 2012 . Actualizado a las 04:00 h.

A nadie se le escapa que la crítica de la Unión Europea a la inutilidad de la inversión en punta Langosteira sin que haya las conexiones necesarias, por tren y carretera, es lógica desde el punto de vista operativo. Los disparates de alguna ministra socialista, la malhadada Maleni Álvarez, los enfrentamientos entre algunos gestores de la Xunta y el afán de Fernando González Laxe y del propio José Blanco por capitalizar políticamente una obra clave para Galicia, han puesto demasiadas piedras en el camino de una infraestructura vital para la seguridad del tráfico marítimo y para generar un nuevo polo de actividad en la comarca coruñesa.

Por eso, la reacción del Gobierno central y el autonómico, así como la de los alcaldes de A Coruña y Arteixo, los más directamente implicados, cabe calificarse de tibia. El puerto exterior no es una obra cualquiera. En las costas coruñesas se han estrellado dos petroleros en los últimos veinte años y ha sido un mudo testigo de un sinfín de catástrofes ambientales.

A Coruña, la segunda capital de provincia más pequeña de España, está atravesada por un poliducto de catorce tuberías y más de seis kilómetros de longitud. Y los muelles ocupan más del diez por ciento de la superficie total de la urbe. Langosteira es, por tanto, el oxígeno que A Coruña necesita para poder crecer, ganar espacio y revitalizar la actividad económica también en la comarca. Por eso produce más sonrojo que tenga que ser la UE, cofinanciadora del proyecto, la que alerte de que, sin los equipamientos ferroviarios y accesos a medida, el puerto exterior es inútil. Diez años después de iniciarse la obra, los Presupuestos Generales del Estado solo siguen incluyendo partidas para estudios. Y la culpa es del PP y del PSOE en los ocho años previos.