Lleva desde el año 1963 como letrada y abriendo camino a otras abogadas
08 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.En junio hará 50 años que se licenció en Derecho esta pionera de las abogadas coruñesas, aunque ella prefiere llamarse «abogado». Colegiada y en activo desde 1963, Mercedes Suárez Díaz echa la vista atrás a un año de conmemorar sus bodas de oro profesionales, para analizar los caminos que abrió a nuevas generaciones de letradas.
-¿Cómo se tomaron en su casa que fuese a estudiar Derecho?
-Pues me animaron e, incluso, mi padre me decía que, si luego quería dejarlo, los conocimientos que fuera adquiriendo me ayudarían a enriquecer mi formación.
-¿Había otras mujeres en su clase en la universidad?
-Éramos en total doce mujeres entre 124 hombres.
-¿Tuvo problemas a la hora de ejercer?
-Cuando empecé todavía estaba vigente la ley que otorgaba al hombre licencia marital, lo que convertía a la mujer en una menor de edad. El hombre tenía todo el poder de disposición sobre la mujer, e incluso podía matarla si la sorprendía en flagrante adulterio, una ley que no se derogó hasta 1963, aunque persistió aquella por la que el hombre tenía la exclusiva patria potestad sobre los hijos y exigía a la mujer la licencia marital para los actos de libre disposición. Así que, actuando yo en una notaría en mi condición de letrado como gestor de negocios ajenos, el notario me pidió la licencia de mi marido, que tuvo que otorgarme un poder general.
-Su primer defendido también fue un pionero, en cierta medida.
-Me acogió con mucho cariño y asustado porque después de una estafa cometida y cuya defensa me había sido encomendada, cometió otro delito mucho más grave y llorando me suplicaba que también lo defendiese, ya que decía que yo era su madre. Y una cosa más, fui muy bien acogida entonces por la gente del rural, lo que indica, en cierta medida, su mente evolucionada.
-Y la relación con los jueces, ¿fue complicada entonces?
-Fue siempre impecable. El respeto mutuo estaba en todo momento presente y jamás noté diferencia alguna en el trato por el hecho de ser mujer.
-¿Se siente una pionera?
-En cierto modo, sí fui allanando el camino para otras generaciones. Al menos, no tuvieron muchos tropiezos que yo sufrí, porque la gente fue aprendiendo a tratar a una letrado. Era inevitable el acceso de la mujer a la abogacía.. Pero no me siento una pionera ni puedo dar clases a nadie, ya que sigo aprendiendo igual que los demás.