Tan fría como la nieve rusa

A CORUÑA

fin de semana

«SILENCIO EN LA NIEVE»

España, Lituania, 2012.

Director: Gerardo Herrero.

Intérpretes: Juan Diego Botto, Carmelo Gómez, Francesc Orella.

Thriller.

114 minutos.

Hay directores que compatibilizaron con fortuna su doble faceta de productores (Preminger, Kramer, Aldrich, Truffaut, Chabrol?), pero otros se quedaron en artesanos con diferente nivel de eficiencia. Como Gerardo Herrero, de acreditada solvencia productora, aunque discutible cuando da órdenes a la cámara. Con todo, Silencio en la nieve está entre sus trabajos mejor resueltos, aunque no le redima de resultar convencional. Aun reconociendo cuánto tenía de riesgo afrontar una temática dirigida al público adulto, minoritario en salas, pero con un mayor nivel de exigencia.

Con un guion de Nicolas Saad tomando libremente la novela El tiempo de los emperadores extraños, de Ignacio del Valle, el filme se localiza en un batallón de aquella División Azul, quijotesca y variopinta (por cuanto sus miembros eran un totum revolútum) que el franquismo nutrió con casi 20.000 soldados y envió a la Unión Soviética para colaborar con los nazis en una relación que distaba de ser cordial. Estamos en 1943 y se cometen una serie de misteriosos crímenes que deberán investigarse. El asesino graba a cuchillo en el pecho de sus víctimas, la frase «Mira que te mira Dios», que a su vez forma parte de una oración que los dos detectives ocasionales (Botto y Gómez) relacionarán con un hecho ocurrido tiempo atrás.

El detalle de la escritura desconcierta por el contexto (años cuarenta, frente bélico, cine español) y por estar más próximo a las maneras del thriller made in Hollywood (Seven, Millennium y algún que otro gore) pero, además, Herrero, puestos a seguirle el juego, no logra transmitir la atmósfera enfermiza de esos filmes. Muy al contrario, parece como si la nieve lituana (sus exteriores se rodaron en aquel país) empapase el metraje, trasladando su frío al patio de butacas. Aun reconociendo que el acabado es notable en dirección artística, y que la planificación elegida por Herrero es resultona, falla con buena parte de los actores (salvo puntuales excepciones). Considerando que su presupuesto fue de cuatro millones de euros, tendrá muy crudo recuperarlos. Y eso no es bueno para el cine español.