La emergencia social


Tres indigentes muertos en la calle en el plazo de poco más de una semana han encendido todas las luces de alarma en torno a un colectivo tradicionalmente olvidado -o ignorado- por la mayor parte de la sociedad. La situación no es nueva. Es cierto que, como dijo el alcalde, Carlos Negreira, esta misma semana, «siempre ha habido gente que no acepta ayuda y prefiere vivir al margen de la sociedad». Pero también lo es que uno de los principios básicos de la convivencia debe ser la solidaridad y el apoyo a las personas que necesitan esa ayuda.

Lo que Fitch, Standard&Poors y demás colectivos del gremio no ven en sus análisis económicos es la realidad de las personas. La sociedad coruñesa, como la gallega o la española, vive un drama en forma de paro. Por primera vez, se han contabilizado más de cien mil personas en la provincia que quieren trabajar y no pueden hacerlo porque no hay dónde. De poco les sirven las promesas electorales de unos y otros. El treinta por ciento de esos parados ya no reciben ningún tipo de prestación económica. Y su situación se ha tornado ya en desesperada hace muchas lunas. Y, de momento, ni la Xunta ni el Ayuntamiento, a través de su Concejalía de Empleo y Empresa, cuyos éxitos se desconocen, han conseguido frenar esa cascada negativa, con la excusa del «no tenemos competencias sobre trabajo» casi como única bandera.

Algunas personas, acuciadas además por otros problemas que se suman al económico, bien sean de salud, adicción al alcohol o, simplemente, por obligación, han elegido la senda de dormir en la calle, en cualquier rincón que les propicie un poco de abrigo. Y eso que la ciudad coruñesa puede presumir de una de las mejores redes asistenciales de España. El trabajo que desempeñan ahí entidades como Renacer, recientemente distinguida por los príncipes de Asturias, Padre Rubinos, Sor Eusebia, Cáritas, la Cocina Económica, Cruz Roja y muchas otras entidades similares permite que las penalidades de los que menos tienen se mitiguen en parte. Parches como el plan de ayuda adicional anunciado por el alcalde el pasado viernes solo son creíbles si van acompañados de un trabajo intensivo desde todas las instituciones para impedir que los indigentes lleguen a ese estado. Es una pelea en la que cualquier ayuda de cualquier colectivo es bienvenida, pero en el que las autoridades no pueden delegar su responsabilidad y escudarse en unas subvenciones de más o menos euros como alivio de conciencia.

Cualquier ayuda es buena, pero las autoridades no pueden delegar sus competencias

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