El peso mosca prepara su segundo asalto al Campeonato de Europa
14 nov 2011 . Actualizado a las 12:04 h.Está llamado a escribir su nombre en la historia del boxeo europeo. Valery Yanchy pudo hacerlo el pasado 7 de octubre frente al rumano Silvio Olteanu, y a punto estuvo de conseguirlo, pero los jueces declararon el combate nulo. Tiene otra oportunidad en febrero, también en casa, cerca de su mujer, sus dos hijos -de 11 años uno y 5 meses el otro-, sus compañeros del PlanasBox y toda la afición que gracias a gente como este coruñés de origen bielorruso crece día a día en la ciudad. El Campeonato de Europa, un título que Yanchy, profesional desde el 2004, lleva en mente desde que empezó a boxear hace ya 23 años, parece estar cada vez más cerca.
-Si lleva tanto tiempo boxeando, ¿a qué edad se calzó los guantes por primera vez?
-A los 11 años. Pero es que en Bielorrusia es distinto. Allí lo del boxeo te lo meten desde crío. Además, aquí para hacer cualquier deporte tienes que pagar, mientras que allá todo eso es gratis. Pero sí, con 12 años ya tuve mi primera pelea.
-Toda una vida dedicada a esto.
-Bueno, cuando me vine a España pensé en dejarlo. Pero tenía como una guindilla dentro que no me dejaba tranquilo y terminé haciendo guantes en un gimnasio. Peleé contra unos chavales, me vio el entrenador, y ya empezó a insistirme en que retomase el tema.
-Cuénteme cómo llegó a España desde Bielorrusia.
-Pues como tantos otros, buscando trabajo. Fue en el 2001, justo el día en que mi hijo Miroslav cumplía un año. Llegué a Almería. En aquel entonces, incluso sin papeles, escupías y salía un trabajo en la construcción o en los invernaderos. Ahí estuve yo hasta que terminó la temporada, que me fui a Marbella porque pensaba que, si hay turismo, hay trabajo. Empecé a entrenar en Torremolinos y el preparador me puso en contacto con Chano Planas, mi actual entrenador y promotor.
-¿Fue él el que te trajo hasta A Coruña?
-Primero estuve en Lugo, donde arreglé todo el tema de los papeles. Pero pronto me vine aquí, porque sabía que con Chano podía hacer algo grande. Pero eso no quita que viniese a trabajar, primero en Cambalache, de donde guardo un gran recuerdo porque me apoyaron muchísimo, y después con el taxi, que es lo que me da ahora de comer.
-¿Ni siendo profesional se puede vivir del boxeo?
-Esto es pura pasión, pero no lleva comida a casa.
-¿Y compensa?
-Es duro, sobre todo cuando estoy preparándome para un combate. Entre el trabajo y el entrenamiento casi ni veo a mis hijos. Pero sigo ahí. El boxeo es mucho más que dar golpes. No sé cómo explicarlo, pero somos como una familia. Hay muchos que vienen al gimnasio simplemente a sudar, a mantenerse en forma, sin pensar en combatir, y se crea un ambiente de gran camaradería, nos ayudamos unos a otros... Y eso que yo soy un tipo muy reservado, no hablo mucho y me gusta estar en casa. Pero en el boxeo he hecho grandes amigos.
-Entre ellos los hermanos Planas.
-Están haciendo una labor increíble, consiguen crear afición en esta ciudad. Entre otras cosas es por cómo trabajan. Chano es un tío muy serio y puntual, y siempre apuesta por peleas muy igualadas, que son las bonitas, las que dan espectáculo y gustan al público, al fin y al cabo.