Marea humana en San Amaro

Rodri García A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

El principal camposanto de la ciudad recibió ayer a miles de visitantes

02 nov 2011 . Actualizado a las 12:24 h.

Lucía el tibio sol otoñal. Al mediodía de ayer la puerta principal del cementerio de San Amaro se quedaba pequeña para engullir la marea de personas que acudían a la cita con sus muertos. Una chica de color repartía ejemplares del libro Señales de esperanza, de Alejandro Bullón. «Es de la iglesia adventista pero no habla de religión sino de esperanza, que en estos momentos nos hace mucha falta», explicaba la joven.

Las voces de los gitanillos ofreciendo sus servicios para colocar los ramos de flores en los nichos se elevaban sobre las conversaciones de quienes entraban y salían del camposanto.

Policías locales regulaban el tráfico, especialmente el que llegaba por la calle Orillamar, mientras en las floristerías de la zona los clientes hacían cola. Otros visitantes optaban por intentar aparcar en el paseo marítimo, aunque la tarea tampoco era fácil, y entrar por la parte posterior, donde abundan las tumbas en tierra. Una de ellas, la que hace unos días se había hundido dejando ver parte del ataúd, había sido reparada.

La bajada por el pasillo central del cementerio de San Amaro, con el mar al fondo, un velero y un barco de vigilancia de la Xunta pasando en esos momentos y más allá el faro de Mera, evocaba el Mediterráneo de Serrat: «Y a mí enterradme sin duelo, entre la playa y el cielo... En la ladera de un monte, más alto que el horizonte, quiero tener buena vista».

Halloween ante una tumba

Al llegar cerca de la cruz de los caídos la vista se paraba en una niña con el disfraz de Halloween que rezaba ante una de las tumbas. «Se llama Carmen María y le gusta venir así, de Halloween», explicaban sus padres, un matrimonio ecuatoriano acompañado de otro pequeño, que llevan 12 años en la ciudad y acudían a rezar por «una bisabuela» allí enterrada.

El revuelo de gente en el pasillo central aumentó a las doce ante la llegada de la comitiva municipal, con el alcalde, Carlos Negreira, a la cabeza, seguido de varios concejales de su equipo de gobierno y otros ediles del grupo municipal socialista.

«Me parece muy bien que anote Follas Novas porque a veces nos confunden y ponen El Eco, que está muy bien que lo pongan si vienen ellos». Esto apuntaba, con cierta ironía, uno de los componentes de la coral Follas Novas, una formación que, ante la cruz de los caídos, acababa de interpretar la obra Signore Delle Cime. Acabado el cántico de la coral, el alcalde depositó un ramo de flores en recuerdo de todos los difuntos y la comitiva continuó su recorrido hasta el cementerio civil. Subiendo, a mano derecha, varias personas se paraban con curiosidad ante un nuevo panteón, forrado de mármol blanco, en el que se puede leer un sencillo «Familia Ortega».

Voluntarios de Protección Civil caminaban entre la marea de visitantes, mientras ante los nichos unos colocaban flores, otros conversaban, los de más allá saludaban a unos conocidos y no faltaban quienes hurgaban en el bolsillo en busca de un pañuelo para secarse las lágrimas.