Otra vez Picasso. Así más o menos exclamaría, creo que civilizadamente, quien en los últimos meses haya leído sobre las relaciones artísticas del joven Picasso y A Coruña. Ahora nuevamente La Voz de Galicia informa que Nueva York ha inaugurado una exposición sobre los primeros treinta años del pintor malagueño y con este motivo la comisaria de la muestra, Susan Galassi, ha escrito un ensayo sobre las obras de la etapa coruñesa del pintor (1891-1895). Lo explica muy acertadamente la periodista Beatriz Pallas, a la que nunca agradeceremos bastante quienes estudiamos y defendemos este período picassiano el que se vuelva a valorar la relación de Picasso y A Coruña.
Hace apenas un mes varios medios informativos gallegos dedicaron espacios y comentarios a raíz de una visita que la Asociación Picasso hizo al alcalde en el palacio municipal de María Pita para poner en valor la estancia coruñesa de la familia Picasso.
Diamante sin pulir
Al hilo del encuentro, el alcalde, Carlos Negreira, lanzó una afortunada frase. «Esta presencia de Pablo Ruiz Picasso es un diamante sin pulir». Surgieron discrepancias al opinar sobre este tema diversos intelectuales, artistas, investigadores y personas de diversas profesiones, pero en todos se intuyó un deseo: recuperar la relación entre aquel joven que llegó aquí a los 9 años de edad y permaneció entre nosotros a punto de cumplir los 14.
Como Rafael
Esta nueva salida de la figura del Picasso coruñés nada menos que en una ciudad tan importante como Nueva York desmiente lo que alguno de los opinantes señaló: la obra que Picasso hizo aquí, en esta ciudad, es irrelevante.
El genial pintor dijo en su día que «en A Coruña yo pintaba como Rafael». El hombre de la gorra, El Pescador, la Niña de los pies descalzos? son solamente tres ejemplos de quien en Coruña pintó hasta 72 cuadros. Algunos (no precisamente los citados) permanecen todavía en la ciudad. No creo que ello sea irrelevante.