El gestor cultural asegura que sin los Carduchos «salimos ganando»
10 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Su nombre es sinónimo de gestión cultural en esta ciudad. Pedro Vasco Conde ha estado y estará detrás de infinidad de exposiciones por las que han pasado miles de visitantes. Es uno de esos afortunados que han conseguido hacer de su pasión -el arte-, su oficio, aunque desde el otro lado del lienzo, el de la organización. Tanto es así que, cuando surgió la oportunidad, no dudó en apuntarse a hacer horas extras al frente de la Asociación de Amigos del Museo de Belas Artes, «mi pluriempleo no remunerado», tal y como lo describe el propio Vasco, que no duda en presumir del nivel museístico de la ciudad, aunque no todos sus habitantes le correspondan. «Eso sí, el que lo prueba, sale siempre satisfecho», asegura.
-¿A qué se dedican los amigos del Museo de Belas Artes?
-Como asociación, somos el brazo armado de la dirección y el equipo técnico del museo, que en cierto modo están coartados por pertenecer a un organismo público como es la Xunta. Así que donde ellos no llegan, vamos nosotros con la hucha. Siempre respetando el trabajo de la gente del museo. Funcionamos como nexo de unión del museo con la sociedad.
-¿Merece el museo tal entrega?
-Es que tenemos el mejor museo, al menos, de Galicia, y eso puedes ponerlo tal cual porque es cierto. Y además tiene la mejor dotación humana, grandes profesionales que aúnan sabiduría, preparación y experiencia. Es un lujo del que muchos coruñeses no son conscientes.
-¿A qué se debe ese desconocimiento?
-Siempre ha sido un gran desconocido, y creo que es por falta de valentía o de curiosidad de la gente, que no cruza sus puertas vete tú a saber por qué. Se encontrarían un mundo maravilloso y gratuito. Es más, quien después viene en una visita guiada, sale absolutamente alucinado. Por cierto, que el 99% de las que participan en las actividades del museo son siempre mujeres.
-Es decir, que gusta a pesar de que se llevasen los Carduchos.
-Pero si a larga creo que salimos ganando, y todo gracias a lo bien que se llevaron las gestiones por parte de todos. En primer lugar la dirección del museo, que aguantó el tirón; y también el alcalde, el conselleiro y el director xeral, que supieron jugar muy bien sus cartas. Y, por supuesto, los técnicos del museo, que supieron documentar y razonar las peticiones que se hicieron al Museo del Prado a cambio de los Carduchos.
-¿Qué se pidió?
-Pues una serie de piezas que aportan gran coherencia al proyecto museológico, que de no ser por lo exigentes que son, podríamos decir que está casi completado. Los Carduchos estuvieron más de cuarenta años, y ya cumplieron su función. Estaban estancando al museo, que le interesa más tener una variedad que refleje la Historia del Arte que no unas piezas, excelentes, eso sí, pero en cierto modo fuera de contexto.
-Ha conocido a muchos artistas. De algunos de ellos terminó por convertirse en biógrafo.
-Casi a la fuerza. Eso me ha permitido admirarles como artistas y también como personas. Me declaro fan de los artistas, pero hasta el punto de pedirles autógrafos.