«La plaza de María Pita no ha conseguido acercar a las dos ciudades, la Ciudad Alta como se la conocía antes y la Pescadería, sino que las ha separado todavía más». Esto afirmó ayer el arquitecto Arturo Franco Taboada durante su intervención en las Xornadas Internacionais sobre Réxime Xurídico da Igualdade, que se celebran durante esta semana en la Fundación Caixa Galicia. En una disertación en la que no faltó su vena irónica y que tituló A habitabilidade na terceira idade e as minusvalías ou discapacidades en xeral e a arquitectura, Franco Taboada mostró como «las texturas en el suelo son importantes para los ciegos» y la importancia de las rampas en edificios históricos desde el Coliseo de Roma al cañón del Colorado. En este sentido defendió que en las ciudades «tiene que haber itinerarios sin obstáculos» y mostró otros ejemplos de espacios adaptados a todos los públicos como las rampas del Guggenheim en Nueva York, del Macba de Barcelona o del Museo del Louvre en París.
Franco Taboada mostró también cómo había utilizado la rampa en un colegio de Miño, aunque no de la forma que había previsto inicialmente, así como en un residencia de la tercera edad en la que inicialmente iban a estar un 10 por ciento de discapacitados «y al final acabaron estando más del 50 %».
Para el arquitecto, las plazas son «una prolongación de la propia vivienda» y apuntó que mientras la mencionada de María Pita «no es una plaza vividera» la de Pontevedra atrae a gente.