Los ecos de la cultura pop japonesa se reflejan en su personaje Micho Pocho
29 ago 2011 . Actualizado a las 13:02 h.A Lucía Gómez le gustan los gatos, el escritor Haruki Murakami, el manga, la cultura otaku y las obsesiones fetichistas que las personas guardan de puertas para dentro. De todo este cóctel de referencias surgió su proyecto fin de carrera en la Facultad de Bellas Artes, una instalación en la que se mostraba el estudio de una joven fascinada por los gatos. Bueno, no con los gatos en general, sino con un gato muy particular: Micho Pocho.
En realidad Micho Pocho es el alter ego artístico de Lucía Gómez. Se trata, tal y como su creadora lo describe, de «un gato deprimido y con problemas, muy preocupado por la sociedad, al que nadie entiende, de grandes ojos sin vida, que está muy cabreado con cosas como la televisión y el consumismo». Todo ello se percibe desde un punto de vista «muy naíf, de niño pequeño, para contrastar con esas temáticas más adultas».
Japón y la visión que los nipones tienen de los gatos sobrevuela de continuo en este supuesto estudio. «Allí es un animal de fortuna que representa el orgullo y el honor, el atreverse a hacer las cosas que otros no se atreven», explica. Junto a ello existen guiños a los adolescentes incomprendidos: «Sí, es un rollo un poco marginal, por eso son michos pochos. Hay mucho juego con la retranca gallega. Uno, por ejemplo, dice "Vai o micho metido dentro do saco"».
En la obra de esta joven artista hay de todo: dibujos, cuadros, peluches y hasta un disfraz de Micho Pocho. «Es un traje inspirado en los kigurumi, que son pijamas que usan los niños japoneses -precisa Lucía-. Yo me hice uno de Micho Pocho para dar la idea de que ese era mi lugar de crear».