El rejoneador gana a los espadas

Susana Acosta
Susana Acosta A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

El lisboeta Diego Ventura sale a hombros y Castella se lleva una oreja

06 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Aburrida la primera tarde de la feria de María Pita. De no ser por el portugués Diego Ventura y sus caballos, que le pusieron alma y alegraron al respetable que se distraía por momentos. Y es que ya lo dice el refrán, que los toros hay que verlos con calor, moscas y bota. Y ayer por no haber, no hubo ni vino en las gradas. El rejoneador fue el único que pudo salir a hombros por la puerta grande y eso que con el primer toro lo hizo bien, pero le faltó emoción y no acertó en el rejón de muerte. Aún así se llevó una oreja. Con Jaquetón, su segundo toro, de la ganadería San Mateo, se lució más. Él y sus caballos. Los equinos emocionaron al respetable con su porte y sus bailes. Daba gusto verlos bailar delante del morlaco. Y es que ayer los caballos tuvieron más gracia, arte y poderío que los diestros. Aún así, no gustó que el lisboeta le pusiera un gorro al toro al no permitirle la presidencia colocar otro par de banderillas.

Le tocó el turno a Castella y con Corredor, de El Torreón, no lo hizo bien. Tuvo algunos pases bonitos, pero alargó la faena más de lo que el toro podía. Lo estropeó cuando el astado dio una voltereta en el aire y no atinó a la hora de matar. Más bien hizo una escabechina y lo remató después de varios intentos.

No hay quinto malo

Mejor lo hizo con el quinto de la tarde, Trajeguapo, también de la ganadería de César Rincón, con pases naturales de izquierda que no llegaron al público. Esta vez sí acertó con el acero y el respetable pidió la oreja. Concedida. Ya lo decían algunos críticos desde la grada: «Los toreros deberían de pagar por venir aquí».

Mala suerte tuvo Talavante con el hierro en su primero de la tarde. Era un toro vistoso y se lució con pases valientes, pero también falló en la estocada. Peor le fue con el último, Libiano, a pesar de que se lució más y de que era el mejor astado de la tarde. Arrancó el aplauso del respetable con una bonita serie de molinetes y pases de espalda, aunque perdió la oreja con el acero. Tanto lo intentó que el público prefirió abandonar el coso antes del final.

Y es que ayer tarde hubo quien echó en falta esa elegancia propia de los toreros de hace años cuando el matador salía desafiante, con un arte que no se podía aguantar y, sobre todo, con acierto en la estocada.

Tres orejas. El único que triunfó. Salió a hombros por la puerta grande.

Elegante pero sin emoción. Logró una oreja con el segundo toro.

Valiente y logró conectar con la grada. Falló con el acero y se fue de vacío.