La remozada casa de los cisnes continúa despertando la admiración de los coruñeses
24 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Ha pasado más de una semana desde la retirada de los andamios y los ciudadanos siguen levantando su admirada mirada frente al número 11 de la plaza de Lugo. El edificio de Manuel Reboredo, fechado entre 1905 y 1930, ha sido objeto de una restauración ejemplar. El trabajo de la empresa Arteca permite ahora disfrutar de una de las joyas de la arquitectura local, realzando lo ya conocido y destapando aspectos que permanecían inéditos. Si el día es soleado, el placer visual se convierte en puro gozo.
Para ello han sido necesarios seis meses y medio de trabajo. Esther Castro, la restauradora, indica que en las franjas horizontales que ahora recorren el edificio de lado a lado en un tono entre azul y violeta, «se hicieron catas con bisturí para saber qué color había». En otros casos, como en la parte superior a la galería, se limpiaron todos los cristales clavados en el mortero, algo muy típico del modernismo y que pasó siempre totalmente desapercibido.
Otro de los retos a los que se enfrentaron fueron las cornisas de las galerías. «Estaba tallada en almenas, toda desecha y hubo que reconstruirla», apunta Paco Muíño, jefe de proyectos de la empresa. Indica que «el mortero se deshacía en las manos» y que «las galerías de la fachada habían perdido toda la policromía, estando en madera vida, contaminada, sucia y deteriorada». Capítulo aparte merece todo lo relativo a los azulejos, el elemento más característico del inmueble. Hechos ex profeso en Valencia, se mantenía, según Esther Castro, en «relativo buen estado». Por tanto, fueron sometidos a una recuperación estética: Le hicimos una limpieza superficial, para eliminar goterones de morteros y otras pinturas. Luego, pasamos a una limpieza química. Todo azulejo por azulejo, porque tienen un vidriado. Una parte se deterioró y, por ello, había que ir uno a uno consolidándolo».
Sin embargo, en su trabajo se encontraron con dos importantes destrozos. Primero, uno de los cisnes presentaba daños en el cuello y en parte del ala. Segundo, otro azulejo había sido perforado para instalar un cableado telefónico. En ambos casos restauraron los desperfectos y los dejaron tal y como se concibieron originalmente.