Tiene alma de rock y comparte gustos musicales con el conselleiro de Cultura
04 jul 2011 . Actualizado a las 11:59 h.José Antonio Santiso Miramontes alcalde de Abegondo
Político de raza, de los que les gusta el trato cercano con los vecinos, José Antonio Santiso Miramontes (Abegondo, 1960) dice que nunca tuvo interés político. Este profesor de matemáticas dejó las raíces cuadradas y las ecuaciones a un lado para seguir los pasos de su bisabuelo, que también fue alcalde. La política la concibe como una manera de «darles más a los que menos tienen y que los que más acumulan se acostumbren a repartirlo». La versión gallega de Robin Hood asume esta profesión como el oficio más noble de todos. Eso sí, «si se hace bien».
-¿Todo fue por casualidad?
-Pues sí. Me propusieron montar una asociación cultural y después una lista independiente con Unidade Municipal Independiente. Echamos a sorteo quién iba a ser el número 1 y salí yo. Luego, por vicisitudes de la vida, me eligieron alcalde en 1991 y al año me hicieron una moción de censura. Así hasta hoy. Recuerdo que cuando pertenecía a la lista independiente, ETA nos enviaba cartas porque pensaba que éramos independentistas.
-Vaya susto...
-Bueno, la verdad es que tiré las cartas. No era como para conservarlas.
-Se le ve que disfruta siendo alcalde...
-Me encanta. Aunque nunca tuve interés político. De joven solo pisé el Ayuntamiento para medirme para ir a la mili.
-¿Y dio la talla?
-[Se ríe]. Sí, sí. De sobra. La talla de entonces estaba muy reducida.
-Eso de ser alcalde, ¿se lleva en la sangre? Su bisabuelo también lo fue...
-Cuando decidí dedicarme a la política, mi abuela, que ya murió, me trajo escrituras de mi bisabuelo y me dijo: «Isto era o que tiña o meu pai antes de ser alcalde, e avalou a tanta xente para ir a Cuba e Estados Unidos que o perdeu todo porque ninguén veu de volta para devolverlle os cartos. Así que se te metes en política, polo menos non teñas nada, e vouche pedir que sexas honrado». Y yo le hice caso. No soy pesetero y puedo meter la pata, pero la mano nunca.
-¿Cómo se define?
-Soy un hombre solitario. Me gusta disfrutar de la naturaleza y, sobre todo, ir en coche escuchando la música que me gusta. En eso coincido con el conselleiro de Cultura, Roberto Varela, me gusta el rock sinfónico. De hecho, cuando me casé en lugar de tocar la marcha nupcial pusieron El túnel del amor, de los Dire Straits. También me gustan Queen, U2, Supertramp o AC/DC.
-Vamos, que es todo un roquero...
-[Se ríe] Bueno, simplemente me gusta.
-¿Y como alcalde?
-Lo soy 24 horas, aunque procuro tener intimidad. Tengo una mujer que no sé cómo me aguanta. La verdad es que llevo una vida insoportable y todo lo que son mis hijos se lo debo a ella.
-¿Cómo la conoció?
-En una discoteca en Carral. Ella tenía 16 o 17 años. Lo que más me gustó, además de que era una mujer muy guapa, fue su manera de ser y que sabe estar en todo momento.
-¿Era de los que les gustaba conquistar a las mujeres?
-¡Qué va! [Se ríe a carcajadas]. Nunca fui un gentleman de las discotecas. Pero hay cosas que se me dan bien y me encanta conocer a la gente. En el caso de mi mujer, dio la casualidad de que a un amigo mío le gustaba su hermana. Y al final acabamos los dos con las dos hermanas.
-¿Qué recuerdos guarda de su época de conselleiro?
-Fue una etapa bonita porque hicimos grandes cosas, pero a lo que yo no me acostumbraba era a llevar chófer. Si me iba a quedar el fin de semana en casa, siempre le daba esos días libres. Prefería conducir yo. Recuerdo una vez que había unos hombres merodeando por mi casa, vestidos de paisano. Yo creí que eran ladrones y resulta que eran guardaespaldas. No sabía nada.
-Como entendido del medio rural, predicará con el ejemplo...
-Sí, tengo en mi casa todo un jardín botánico. Hay camelias, rododendros, una secuoya, magnolios, abetos, palmeras y un nogal que da nueces como puños. Me lo dieron los familiares de un señor que había sido monje del Monasterio de Osera. Era un hombre al que le tenía mucho cariño y que me enseñó muchas cosas de botánica. Falleció y decidieron regalármelo como recuerdo de él.
-¿De dónde le viene la afición al jiu-jitsu?
-Fui cinturón negro. Empecé en defensa personal y en artes marciales porque me gustaba la filosofía de vida que practican. Del jiu-jitsu aprendí que nunca debes enfrentarte con un enemigo. Esquívalo, déjalo pasar y luego le das un empujoncito. [Se ríe]
-Debió de tener muchos enemigos...
-En política hay que tener cuidado con los amigos. Y sí, me han puesto muchas trampas. Pero me encanta esta profesión porque veo cómo se acerca y se aleja la gente.