Uno de los carteros más antiguos de la ciudad se jubila tras 39 años
09 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Un fallo de visión le hubiera librado de realizar el servicio militar, pero por aquel entonces la mili era necesaria para ser funcionario, y Tonecho quería ser cartero. Lo consiguió y durante cuatro décadas ha vivido entregado a una profesión, que le ha dado la vida y de la que se despidió para siempre.
Se levantó a las 6.30 horas. Llegó a la unidad V-2 de Correos, ubicada en la calle Vizcaya, a las 7.30, tres cuartos de hora antes de lo que indica su contrato, y no comió nada hasta que finalizó su jornada, a eso de las tres de la tarde. Cogió la cartera, las cartas y los paquetes y emprendió su último servicio como cartero después de 39 años. «Va a ser muy difícil, porque yo no me quiero ir, pero entiendo que hay que dejar paso a las nuevas generaciones». Durante 33 años, Tonecho -así es como se le conoce en los Mallos- realizó el mismo recorrido en la ciudad. Francisco Catoira, Capitán Juan Varela, San Vicente, San Luis, Mariana Pineda, ronda de Outeiro, son algunas de las calles que Antonio García controla con los ojos cerrados. Hace varios años, y en varias ocasiones, le ofrecieron retirarse con el cien por cien de su sueldo, pero lo rechazó. Si por él fuera trabajaría tantos años como vivió su madre -más de 100-, que era la aguadora de Santa Margarita.
En estas cuatro décadas se ha ganado el cariño de todos los vecinos. «Cómo no le vamos a echar de menos», le decían el pasado viernes en la sede de un sindicato ubicado en la ronda de Outeiro. Y no es para menos. Tonecho es de esos carteros que no solo llama dos veces a la misma puerta, sino que «yo les doy una llamada cuando les va a vencer el plazo para pagar algunos recibos y que no se olviden. Ando siempre pendiente de ellos».
A los dos intentos de entregar un paquete debería devolverlo a la central de Correos; sin embargo, siempre intenta entregarlos. «Hay señoras que incluso me piden que les lea las cartas a espaldas de sus hijos. Me llevo muchos secretos de este barrio».
Un barrio de gente mayor, y de edificios antiguos sin ascensor, y en donde este vecino nacido en 172 la avenida de Finisterre sube los pisos que sean necesarios a sus 65 años para entregar las cartas a los ancianos de la zona, «aunque la gente piensa que es una obligación».
En apenas cien metros de recorrido, son decenas los vecinos que le saludan amablemente y a los que Tonecho ubica rápidamente en sus viviendas. «Es la del 5, 2.º B, y aquel señor el del 111, 5.º C. Avelino, el del 9.º B, falleció hace dos meses...». Tiene anécdotas para escribir tres libros, pero la primera que se le viene a la cabeza es la de un día que fue a entregar una carta y se encontró con el cadáver de la persona. «Antes era muy habitual que velasen a la gente en casa», dice para restarle importancia.
Ha visto crecer a toda una generación. Gente que llegó al barrio hace cincuenta años y cuyos hijos hoy en día conocen a Tonecho. Y así es normal que el que presume de ser el cartero más antiguo de la provincia de A Coruña, que ganó una copa a la simpatía hace varios años, diga: «Siento que el barrio es mío». Ahora se dedicará a uno de sus grandes hobbies, entrenar al fútbol a los niños en los campos de la Torre, pero advierte: «Seguiré viniendo por aquí para visitar a los vecinos».