El chiste de Gila

A CORUÑA

Por Laureano López.

02 may 2011 . Actualizado a las 12:16 h.

El párking del Parrote va camino de convertirse en algo parecido a una conjetura matemática. Una afirmación que ¿se supone cierta? («esto lo arreglaba yo hace cuatro años») pero que no ha sido probada ni refutada. El futuro de este agujero es hoy más incógnita que nunca, la demostración de que la Ley de Murphy tiene plena vigencia. Aquí, en A Coruña, a pocos metros del palacio de María Pita, prácticamente bajo las galerías de la Marina, se puede comprobar que cuando algo puede salir regular, sale mal e incluso peor. Las administraciones implicadas en la construcción de un párking que sigue sin ser un párking se han lucido. Y por lo visto y oído estos días, pretenden superarse a sí mismas.

Como en los cuentos infantiles, cuando el dragón se despereza, expulsa fuego por la boca. El dragón es el agujero del Parrote. Llevaba sesteando unos meses -su condición natural desde hace 1.500 días- y ha sucedido lo que ya se preveía inevitable, por su historia, por sus precedentes. El presidente del Puerto, que después afirmó que solo intentaba que al proyecto no le salpicara la batalla electoral, en realidad se tiró en plancha, y a conciencia, sobre ella: adelantó que ya tiene el plan para desbloquear este disparate, pero dijo que no lo haría público aún. «No es el momento más idóneo sin saber la continuidad o no del equipo de gobierno», subrayó para asombro de todos menos del PP, cuyo líder, Carlos Negreira, estaba presente, debió ser casualidad, cuando realizó estas peculiares declaraciones.

No es el de Enrique Losada el único piscinazo en el pozo del Parrote. Todos y cada uno de los responsables de las administraciones y organismos que han tenido algo que ver en este proyecto (Ayuntamiento, Puerto y Xunta, con sus tentáculos: Cultura y Patrimonio) han llevado la situación a un punto de difícil retorno: los juzgados. Al mismo tiempo que Enrique Losada afirmaba que no quería mezclar el Parrote con la campaña electoral, la Xunta reclamaba en los tribunales la anulación de la licencia que se otorgó en el año 2007 para construir el párking y la adjudicación de un nuevo proyecto. El Ayuntamiento no entiende por qué llega ahora este recurso (¿será otra casualidad?), pero obvia un detalle crucial: concedió una licencia para un aparcamiento en una zona en la que -y existían abundantes pruebas documentales que se pasaron por alto- se encontraban los cimientos de una muralla del siglo XVIII. El gobierno local deberá, pues, asumir su parte de responsabilidad en el desastre.

En efecto, como dijo esta semana el alcalde sobre la actuación de la Xunta, esto parece un chiste de Gila. Parece, pero no lo es. Y no lo es porque los chistes de Gila hacían gracia. Pero este chiste le está saliendo muy caro a la ciudad. Primero, porque se ha hurtado a los ciudadanos un espacio privilegiado en el centro. Segundo, porque la empresa encargada de las obras, que lleva esperando 1.500 días a completarlas, pedirá daños y perjuicios, que pagarán todos los vecinos. Tercero, porque lo que iba a ser un párking, un servicio imprescindible en la zona, es menos que nada. Si pensaban hacerlo mal, enhorabuena a todos: no les podría haber salido peor.

Sí, parecerá un chiste de Gila. Pero no lo es. No tiene ninguna gracia porque le está saliendo muy caro a la ciudad