De allí acabó en A Coruña, previo paso por un ministerio de Franco
30 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La anécdota no puede ser más clarividente para demostrar el sentimiento que puede despertar un coche. Máximo Cerqueiro conducía por la avenida Alfonso Molina, de A Coruña, su Mercedes 220S recién comprado cuando, de forma repentina, se vio rebasado por otro coche que posteriormente le obligó a parar. Del vehículo se bajó una mujer que se acercó a su coche. Era la persona que le había vendido el Mercedes. «Díxome que precisaba velo de novo, comprobar que estaba ben coidado, e reveloume que ela lle collera moito cariño a aquel coche», recuerda Máximo, un vecino de Cambre que hoy disfruta del tiempo libre que le permite la jubilación. Entre sus aficiones está adecentar su 220S, que ya ha rebasado el medio siglo de edad. «E máis de 37 anos xa os pasou comigo», apunta. Y si su coche hablase contaría las interesantes personalidades que trasladó, al poco de salir de la fábrica, en la embajada de Siria en España. De ahí pasó a la titularidad de un ministro franquista. De Madrid acabó en el concesionario Louzao de A Coruña, donde fue vendido a un popular empresario local. Una vez fallecido este, Máximo le pidió al chófer de la viuda que intermediara ante ella para que se lo vendiese. «Non tiven que restauralo nadiña, o único que facía era sacalo e airealo cada pouco», recuerda el feliz propietario, quien ya había comprobado lejos de casa la calidad de la marca de la estrella de tres puntas. Porque Máximo fue emigrante en Montevideo, donde ejerció de taxista. «Estiven nove anos cun modelo Pontón, tamén fabuloso». Ya de regreso en España trabajó como repartidor con un camión y posteriormente fue chófer de autobuses urbanos en A Coruña. Su último peldaño profesional no requería de vehículo: «Meu irmán Antonio e mais eu abrimos unhas bodegas no centro da cidade». Se gira para mirar su Mercedes: «Non tivo avería ningunha, o taller case non o ve».