Hay quien se muestra extrañado, y hasta quien se rasga las vestiduras, por el hecho de que un centenar de concejales del PP en la provincia de Ourense tengan un puesto de trabajo en la Diputación. Probablemente, quienes así piensan no hayan reparado en el hecho de que esos ciento y pico apenas representan una cuarta parte del total de los ediles populares en los 92 municipios de la provincia.
Es decir, que el 75% restante tienen que buscarse la vida fuera de la amorosa protección del organismo provincial, cuando están, sin duda, muy capacitados para formar parte de su numerosa plantilla, sin necesidad alguna de que los tribunales de oposiciones o quienes hayan de efectuar la selección entre los numerosos aspirantes no vinculados al partido más votado en Ourense se aparten lo más mínimo de su tradicional imparcialidad.
¿Y por qué esos mismos se extrañan también de que la Diputación que preside José Luis Baltar tenga que dedicar más de la mitad de su presupuesto a pagar a su personal y que apenas le quede un 30% para inversiones reales? ¿Qué inversión hay más productiva que generar empleo? ¿Y qué mejor forma de dar ejemplo que proporcionar puestos de trabajo en la propia Diputación?
Lástima que tan generosa y prolongada dedicación a proporcionar ocupación de puertas adentro no haya tenido un éxito semejante en crear otros puestos de trabajo en una provincia tan necesitada de ellos y que sigue ocupando los últimos puestos en las clasificaciones del desarrollo.
Debe de ser que aún tienen que seguir entrenando. A ver si en unas décadas más lo consiguen, antes de que la provincia se vacíe del todo.