Por Laureano López
28 mar 2011 . Actualizado a las 12:11 h.¿Qué pesan más, 1.070 toneladas de basura o 1.070 toneladas de promesas? Aparentemente, como el kilo de acero y el kilo de paja, pesan lo mismo. En realidad, la comparación tiene trampa. La basura pesa y huele. Las promesas, solo huelen, pero son ligeras como el viento. Tanto, que una vez que se pronuncian, por ejemplo, en un palacio de los Deportes lleno a rebosar (caso de la ampliación de Alvedro, hace ahora siete años, y aún esta semana se adjudicó la obra, enhorabuena), toman impulso y echan a volar, colándose por cualquier rendija o ventana abierta, confundiéndose luego con cometas, hojas de un árbol caduco o bolsas de plástico en una tarde de viento. Dan vueltas en círculos y toman altura hasta que las perdemos de vista en el horizonte... Pero al revés que esos globos de feria que se desatan de la mano de un niño y se pierden para siempre, las promesas siempre regresan. Para marcharse otra vez, y levantar otra vez el vuelo.
Estamos ahora en la época de la plantación de promesas. La mayoría calientan motores para volar. Otras, se marchitarán con el tiempo, o con los cambios de gobierno. Tranquilos, le echarán la culpa a gobiernos precedentes, o a la competencia. La Xunta al Gobierno, la Diputación al Ayuntamiento... En estos cuatro años lo hemos visto 1.070 veces. Tantas como las toneladas de basura de las que hablamos en las primeras líneas. Es el peso de los desperdicios que los mariscadores han recogido del fondo de la ría del Burgo en cuatro años: había mobiliario para montarle la competencia a Ikea, ropa para abrir otro Prymark... Asusta la cifra de basura. Y asustan otras cifras: al tiempo que recogen la basura porque las promesas han volado, los mariscadores cuentan que en 14 años el número de trabajadores que vivían de los frutos de la ría ha bajado de 2.167 a 132. Y no ha habido una guerra por el medio. Si acaso, una guerra de promesas incumplidas. Si hace quince años, cuando se prometió una inversión fenomenal para la ría coruñesa (un síntoma evidente de que el área metropolitana ni marcha ni tiene visos de marchar), se hubiera cumplido, si las palabras no se las hubiera llevado el viento, otros cisnes cantarían... Pero así están las cosas, sucias, a pesar de los deslumbrantes balances de la Xunta: «Dende o ano 2000 levamos investidos máis de 80 millóns de euros en actuacións directamente relacionadas co saneamento da ría». Penosas, a pesar de las sonrojantes justificaciones del Gobierno central: «Es indispensable que finalicen las actuaciones para el saneamiento integral de la ría de O Burgo y que el proyecto de tratamiento de los productos de dragado se licite al mismo tiempo, una vez formulada la correspondiente bla bla bla...».
La ría es, gracias al empeño de unos y otros, un agujero negro que absorbe estadísticas de la Xunta y folios con marchamo del Gobierno a ritmo de promesas. El penúltimo capítulo de la historia es como sigue: hace unos días, la ministra de Medio Ambiente ofreció colaboración para que esta joya de la naturaleza convertida en vertedero pueda estar completamente saneada en el ¡2015! Estos meses lloverán los anuncios. Ay, si la ría fuera urbanizable. A lo mejor se dejaban de promesas y en cuatro días colocaban la primera piedra...
En 14 años, el número de mariscadores de la ría pasó de 2.167 a 132. Sin guerras por el medio. Solo promesas incumplidas