La ciudad, Mercedes y yo

toni silva A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

La Voz prueba el modelo Clase B, que regalará entre sus lectores

18 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

De pequeño no tardé en entender por qué mi padre decía que tenía un Mercedes cuando en realidad la familia viajaba en un Renault 12 color rojo. La marca alemana siempre ha sido, más que una empresa automovilística, un signo de distinción, un Mercedes way of life. Pero vaya por delante que mi progenitor tampoco mentía, si acaso forzaba una confusión que siempre terminaba aclarando a sus interlocutores: Mercedes es el nombre de mi madre.

Al menos de un modo experimental, esta semana me ha tocado conocer desde dentro uno de los vehículos más glamurosos del mercado, el Clase B, modelo que en pocos días estará en manos de varios lectores de La Voz de Galicia. Así, Mercedes y yo avanzamos por la ciudad guiados por la estrella de tres vértices. Las calles y avenidas no se han estrechado pese a que el interior del vehículo tiene una amplitud superlativa. La ventanilla colinda con una especie de reposabrazos y el volante es un homenaje a la ergonomía, exactamente igual que el asiento. Tanta comodidad y espacio recuerdan al salón de casa.

Además de turismo, al Clase B también se le podría apodar ultraligero. Da la sensación de llevar una pluma sobre ruedas porque la movilidad del volante exige la ley del mínimo esfuerzo.

El semáforo se pone del mismo color que nuestro coche, toca examen a los frenos. Ni abruptos ni ligeros, el vehículo se detiene de forma gradual donde el conductor lo pide. La inercia de la velocidad no da señales de vida, el cuerpo no se desplaza hacia adelante. ¿Hay gravedad ahí fuera? Disco en verde. Aceleramos. Como si el motor leyese nuestro pensamiento, ayudado por un ligero toque al pedal derecho, alcanza la velocidad deseada.

Un consumo excelente

El gran panel de una gasolinera nos da la alegría del día. Ha bajado el combustible. Pero la felicidad se multiplica al observar el salpicadero y los guarismos de consumo. A esta media en ciudad (4,3 marca a cincuenta por hora), el precio del barril empieza a parecer relativo.

Fin de la probatura. Entrego la llave en el concesionario Louzao rumiando una idea. Ahora entiendo por qué desde hace algunos años mi padre ha pasado a tener dos Mercedes.