Su trabajo ha llevado a Ignacio Crespo por Egipto, Libia y Sudán
03 mar 2011 . Actualizado a las 10:46 h.Es inevitable preguntarle a Ignacio Crespo dónde estará en los próximos días. Porque los lugares en los que él se mueve irrumpen en las páginas internacionales de los periódicos. En los últimos meses, este arqueólogo coruñés de 35 años se ha movido entre Egipto, Libia y Sudán, donde respectivamente se produjo la caída de un dictador, la represión a sangre y fuego de una revuelta y la fragmentación del mapa político.
Hace dos semanas llegó de Egipto, donde trabajaba, contratado por la Universidad de Oxford, en la excavación de un puerto de la época romana. «Estábamos muy alejados del conflicto, nos sentíamos bastante protegidos porque nos encontrábamos en una zona militarizada», recuerda Crespo. Pero pese a ubicarse a cientos de kilómetros de El Cairo, epicentro de las revueltas, no tardó en notar los síntomas de la revolución contra Hosni Mubarak. «Tuvimos problemas para hacernos con combustible, agua, comida... Muchas tiendas estaban desvalijadas», recuerda el joven arqueólogo.
Pero la verdadera odisea aconteció en el momento de abandonar el país. Los billetes estaban escogidos para irse desde El Cairo, pero los primeros miembros de la expedición avisaron al resto de que cambiaran de planes. «Los autobuses los dejaban a treinta kilómetros de la capital, en pleno desierto, los conductores tenían miedo porque asaltaban a los vehículos que llevaban extranjeros», relata Ignacio.
Finalmente, él y la mayoría de la expedición abandonó Egipto por la turística localidad de Hurgada. «Estando en la excavación nos enteramos de la revolución y de la desaparición de todo el cuerpo de policía durante cuatro días, los agentes eran vistos como parte del régimen corrupto y cuando se apartaron esos días el país fue un caos».
En noviembre pasado, Ignacio Crespo se encontraba en Libia donde realizó unos trabajos en coordinación con las universidades Degli Studi Roma Tre y de Oxford en la ciudad de Leptis Magna, donde las autoridades libias nunca habían desarrollado proyectos arqueológicos en localidades romanas. «Cuando estuve allí nunca habría pensado que llegaría a suceder este enfrentamiento contra Muamar el Gadafi -relata Ignacio Crespo-, pero sí es cierto que notábamos un cansancio en la población. La sociedad libia es muy joven y tiene unas altas tasas de paro, se notaba que el régimen había perdido el contacto con la realidad de sus habitantes». Crespo y su empresa Argos están muy pendientes de los acontecimientos que han puesto Libia patas arriba. En su agenda del 2011 estaba previsto regresar al país después del verano para continuar con la excavación de Leptis Magna. Por el momento busca noticias de parte de la expedición que se quedó en la zona. «El jueves abandonaron Libia por la frontera de Túnez, solo dejaron salir a los extranjeros. Los libios de la zona Este del país tenían un peligro añadido porque están matando a la gente y tienen un acento muy identificativo, así que prefirieron quedarse en el desierto».
Parte de su equipo abandonó el jueves Libia por la frontera con Túnez