Trapos sucios

A CORUÑA

Por si quedaba alguna duda, las azafatas no llevan los pantalones. La compañía Air Nostrum lo prohíbe. Seguramente para ahorrarle al pasajero cualquier atisbo de incertidumbre en términos de autoridad. Ellas son, literalmente, las que tienen que servir. Su ropa no puede insinuar lo contrario y prestarse a la confusión. Las reglas internas de la compañía establecen que la falda nunca debe morir por debajo de la rodilla, ya que debe agonizar con alegría cinco centímetros más arriba de la referida articulación. Una norma clara que los directivos hacen cumplir a rajatabla y que ha puesto a los sindicatos en pie de guerra.

El caso es pasto de comentarios sobre derechos y obligaciones, machismo y libertad. Parece una moderna parábola a la espera de moraleja. Lleva a preguntar qué sucedería si todos los altos cargos fueran siempre tan escrupulosos en el cumplimiento de sus propias reglas de juego. A cuestionarse qué pasaría si ciertos representantes de los trabajadores se mostraran tan beligerantes en el fondo como en las formas.

Air Nostrum siempre puede revertir la situación. Dar un golpe de mano en cuanto a estilismo. Y fichar a John Galliano. Dior acaba de despedir al diseñador. El gibraltareño trasladó su audacia de las pasarelas a la barra de un bar de París para proclamar su amor por Hitler e invitar a la cámara de gas a los judíos. El alcohol y la depresión, dicen unos. La desfachatez, comentan otros. Porque en la Alemania nazi a Galliano posiblemente lo hubieran vestido con pijama a rayas y brazalete con una estrella rosa en algún campo de concentración.

Son asuntos muy poco elegantes. Trapos sucios de bajos vuelos.