«Si me devuelven mi dinero me hacen un hombre»

toni silva MIÑO / LA VOZ

A CORUÑA

Un comprador de Fadesa narra su larga espera para recuperar 48.000 euros

06 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

A Jesús la vida le dio un duro golpe y Fadesa le puso la puntilla. A sus 59 años, este madrileño afincado en A Coruña intenta ir tachando sin sobresaltos los días en el calendario hasta cumplir los 61, edad en la que alcanzará la jubilación como si de una liberación se tratase. Porque lleva dos años y cuatro meses en el paro, con la ayuda social a punto de extinguirse y muy pocas esperanzas de que el mercado laboral le dé nuevas oportunidades. Su mujer tampoco aporta ingresos. ¿Y los ahorros? Están estancados en una estructura de hormigón y ladrillo en la urbanización Costa Anácara de Miño. Fueron 48.000 euros aportados para la compra de una vivienda a la que Jesús se refiere ahora como «el adosado de marras». Enamorado de esta zona del litoral coruñés, Jesús García ansiaba iniciar el epílogo de su vida con largos paseos por la playa Grande o Perbes. Pero la crisis le dejó sin empleo al mismo tiempo que la promotora en la que había confiado se convertía en el icono del estallido de la burbuja inmobiliaria. Al quedarse en paro pidió la resolución del contrato ya que no le entregaban la casa en el plazo establecido. La compañía le reclamó el aval y Jesús recordó entonces que Fadesa nunca le había dado tal documento, que llegó en su día a solicitar a través de un burofax. «Aún estoy esperando el aval y resulta que son ellos los que me lo piden», ironiza. «Cuando descubrí todo aquello me cogí tal rebote? solo espero que me devuelvan mi dinero, si recupero mis ahorros me hacen un hombre». Recientemente los administradores concursales fallaron a favor de Jesús y de otros casos similares. Pero Fadesa mantiene su negativa a devolver el dinero. «Voy viviendo, tengo para comer, para vestirme e incluso alguna cervecilla, hay situaciones peores que la mía, pero si dispusiera de mis ahorros viviría en el paro con más alivio», explica.

De la mano de La Voz, Jesús García regresa a Costa Anácara casi dos años después de su última visita. Le llama la atención ver adoquines donde solo recordaba barro y piedras. Le cuesta reconocer dónde está la que aún es su casa. En una estrecha vía que sube de la calle principal se para ante una valla. «Aquella, la cuarta o la quinta, no recuerdo bien, pero es una de esas dos». Saca el móvil para tomar una foto. Será la manera de que su mujer le crea de que la casa está casi acabada. Pero en el fondo bien poco le importa. Esa no es su casa ni nunca lo será. En breve formará parte de la amplia lista de hogares sin dueño en este rincón de Miño. «Yo nunca querría vivir entre esqueletos», sentencia.

Se consuela pensando que sus dos hijas sí tienen casa y empleo. «Es curioso, cuando acababa de comprar aquí cogí unos folletos de Fadesa y se los di a mi hija. Gracias a ese papel ella acabó comprando en Mesoiro donde ya está viviendo y mientras yo sigo esperando».