La zona de los Castros registraba ayer, sobre las tres de la tarde, una gran afluencia de personas y trabajadores que no podían hacer nada al no tener suministro eléctrico, y que paseaban por la calle a la espera de que se solucionase el problema cuanto antes. Los locales hosteleros fueron unos de los más perjudicados por el corte, aunque más de uno pudo servir alguna comida, ya que contaba con cocina de gas. Eso sí, las cafeteras no sirvieron ni un solo café en la hora y media que duró el apagón, y tampoco se pudo cobrar ni una sola consumición, porque lo mismo les pasó a las máquinas registradoras. Algo similar ocurrió en los supermercados que estaban abiertos a esas horas, y que tampoco pudieron funcionar con normalizad hasta que se repuso el suministro eléctrico.
De brazos cruzados también estuvieron unos operarios que estaban realizando una reforma en un local, y que confesaban que «sin luz no somos nadie. No podemos hacer nada de nuestro trabajo y tampoco vemos nada». En un negocio de limpieza de automóviles también se encontraban en la misma situación, y el propietario esperaba en la puerta a que volviese la luz.
Los residentes en la zona también temían por sus viviendas y sobre todo por los alimentos que tenían en sus frigoríficos. De hecho, cuando ya habían pasado 45 minutos del inicio del corte, pedían «que lo arreglen de una vez, que los congeladores están llenos de comida y se va a estropear».
Pérdidas económicas
El tramo en el que faltó la luz en la zona afectó a principalmente a los locales de hostelería. Es el caso del la cafetería Europa. Su responsable, Ángeles Varela, se quejaba cuando ya había vuelvo la luz de que perdió de vender al menos ocho menús: «Con la gente aquí a oscuras y sin poder usar nada eléctrico no puedes hacer nada. Ya los tenía en la mesa y, como vieron que la luz no daba vuelto, se levantaron y se fueron». Varela se quejaba de que Fenosa no les ofreció más información «que decirnos que había una avería, sin más». Ello provocó una gran incertidumbre al temer que se perdiese la mercancía que guardaban en las neveras.