La mítica cafetería tiene su heredero (y sus recetas) en el Bar de Luis
01 feb 2011 . Actualizado a las 13:08 h.El pasado mes de noviembre se cumplieron dos años del cierre de una de las cafeterías referenciales -y todavía añorada- de A Coruña. Juan Buján servía el día 30 de ese mes su último café tras la barra del mítico Marabú, en una de las esquinas de la plaza de Vigo, y dejando huérfana a una nutrida parroquia de fieles que, sin embargo, ha encontrado un nuevo hogar a escasos metros del anterior, más concretamente en la calle Pintor Joaquín Vaamonde, en el Bar de Luis. Quien da nombre a este establecimiento que abrió sus puertas hace año y medio no es otro que el hijo del propio Juan, que de este modo recoge el testigo y la receta de aquella inigualable tortilla de patata del Marabú. Pero no es Luis un recién llegado. No solo tuvo la suerte de aprender lo que es una barra al lado de uno de los grandes maestros hosteleros de la ciudad -su padre-, sino que en este sector ha comandado desde una hamburguesería hasta un establecimiento de comidas preparadas (La abuela Dorotea, en la plaza de Vigo), además de haber sido jefe de cocina en un restaurante español en el Soho londinense, «por el que pasaban todas las estrellas de cine que presentaban sus películas en los cines de la zona», recuerda Luis. El local nació sin nombre Toda esa experiencia la vuelca ahora en los fogones de este pequeño local que nació sin nombre: «Propuse a los clientes que lo bautizasen ellos, por votación. Entre los nombres finalistas estaba Marabuciño, que a mi me hacía mucha gracia, pero al final quedó un simple Bar de Luis», cuenta el propietario. Podría definirse como una casa de comidas. De hecho, hay quien almuerza en el Bar de Luis de lunes a viernes, «por eso intentamos darles una dieta equilibrada, evitando los fritos y apostando por un producto siempre fresco y con recetas caseras, claro», cuenta el cocinero. Pero no solo miran por la salud del comensal, sino también por su economía: «Además de menú, tenemos plato del día, que viene a ser un segundo contundente pero económico», explica. El arranque no fue fácil. La calle arrastraba una fama derivada de los after-hours de la que empieza a reponerse: «No se si fui valiente o un loco, pero parece que el tiempo me ha terminado dando la razón. La calle se está revitalizando con la apertura de nuevos negocios», asegura Luis ante la vitrina que hay detrás de la barra, donde luce una vieja carta del Marabú con los precios en pesetas: «No es la primera que tuvimos, pero sí que es vieja, sí», apunta Juan desde el otro lado de la barra, el de los clientes. «Ya estuve ahí más de sesenta años, así que creo que me merezco un descanso», matiza. Retiro feliz Llegó a España desde Argentina en 1975, y al año siguiente ya estaba sonriendo a la clientela del Marabú: «Ahora me dedico a ir a buscar a mi nieta al colegio y a arrancar hierbas en la aldea. Y por fin pude volver a Argentina a ver a los amigos y la familia, que hacía veinte años que el trabajo no me dejaba ir», cuenta el veterano hostelero feliz en su retiro. Nombres: El palo es Juan Buján Castro, y la astilla, su hijo, Luis Buján Sande. Edades: Juan tiene 76 años, su hijo 41. Lo que les une: Los fieles de la desaparecida cafetería Marabú han encontrado el mejor refugio posible. Tras el merecido retiro de Juan, es su hijo, Luis, el que ha abierto un bar que lleva su nombre casi en la misma manzana. El heredero no solo conserva el buen hacer del padre, sino que también mantiene el secreto de aquella deliciosa tortilla.