Entre el bañador y la bufanda

Javier Becerra
JaVIER BECERRA A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Unas 15 personas tomaban el sol ayer en el Matadero

22 ene 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Como la canción aquella de Ketama que decía «no estamos locos, sabemos lo que queremos». Así piensan los que, en en pleno enero, no dudan en desafiar al invierno y ponerse el bañador en la playa del Matadero. Quince se dan cita a las cuatro de la tarde. Una de ellas, Pili Sandán lo tiene claro: «En casa claro que nos dicen si estamos un poco chaladas, pero mejor que aquí no se está en ningún sitio».

Pili juega a las cartas con su amiga María López, mientras el sol las baña con su calor. Por el paseo se pueden ver abrigos y bufandas, pero lo cierto es que abajo, en la arena, la temperatura es totalmente primaveral, nada que ver con el arco de 7 a 12 grados que marcan los termómetros. «Con este sol, ¿qué vas a hacer más que disfrutarlo?», pregunta María.

Las dos mojaron las piernas en el agua. «Ahora aún está muy fría para bañarse», comenta Pili. Otra amiga, Rosa Franco, discrepa: «No, si te metes y estás un rato, no hay problema». Lo certifica Manuel Loureiro. Fumando un puro en la rampa del Matadero («aquí no hay Ley Antitabaco que valga») explica su punto de vista: «Hace frío cuando entras en el agua, pero luego cuando hace el frío es justo cuanto sales. Yo me baño y sin ningún problema. Tengo 80 años y esto es maravilloso. Vivo mejor que nunca. Soy ya uno de los clásicos aquí».

Calefacción natural

El sol pega fuerte en la rampa y si uno se abstrae del termómetro y el mes, perfectamente podría pensar que se trata de la llegada de la primavera. «Yo vengo caminando desde Cuatro Caminos aquí siempre que puedo y luego vamos a la Torre. Tengo psoriasis y me hace falta tomar el sol, pero aunque no la tuviera vendría igual, porque esto es una maravilla», dice Pilar. «Es como si fuera una sauna para nosotras», añade María que advierte que «el jueves aún se estaba mejor».

«Esto es sanísimo. Yo no cojo ninguna gripe nunca, ni en verano ni en invierno», asegura Pili. «A mí el médico me dice que estoy como un roble», sostiene Manuel. Y mientras ellos airean su felicidad al calorcito, el frío se queda en el paseo.