Tenso reencuentro entre clanes

Alberto Mahía A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Un juicio reúne en la Audiencia a dos familias enfrentadas

19 ene 2011 . Actualizado a las 11:14 h.

Los Gabarri y los Borja eran uña y carne hasta que ocurrió una desgracia que los separó para siempre. Fue hace ocho años, a raíz de la aparición del cadáver de Antonia Borja Borja en una cuneta de Bens. El hecho de que su cuerpo estuviese molido a golpes y cubierto con una manta encolerizó a su familia, convencida de que detrás de aquella muerte estaba su esposo, Antonio Gabarri, más conocido como el ahumado. Aquello hizo de Penamoa un polvorín. Al paso salió la asamblea de viejos del poblado, que tras una tensa reunión acordó desterrar a los Gabarri para evitar un baño de sangre. No importó que a las pocas semanas de la muerte de Antonia Borja la autopsia determinaba que falleció por un ataque al corazón. Los golpes que tenía y la certeza de los Gabarri en que Antonio la maltrataba les bastaba para mantener las distancias con los Gabarri. Por si aquello no era suficiente, ambos clanes también estaban unidos por otro matrimonio. Pero la relación se envenenó tras el destierro y terminaron separándose, echando más leña al fuego a la relación entre ambas familias, que desde entonces se juraron venganza.

Desde que ocurrieron aquellos hechos, en el 2003, nunca se habían vuelto a ver. Ni siquiera la reciente muerte del ahumado los acercó. Hasta ayer, cuando la justicia los volvió a unir bajo un mismo techo. Fue en la Audiencia Provincial. En un juicio por tráfico de drogas. Miembros de ambos clanes ocuparon el banquillo de los acusados para responder por unos hechos del 2003, cuando se hablaban y, como se ve, tenían negocios juntos.

La policía sabía que el reencuentro se iba a producir y que ahí podía pasar de todo si no se ponían los medios. Así que allí se presentó un gran número de agentes para poner paz. Los abogados de ambos clanes. Los penalistas Manuel Ferreiro y Ramón Sierra, también se esforzaron en calmar los ánimos. Hablaron con sus clientes, convenciéndoles de que se mantuvieran tranquilos. Y lo consiguieron. A pesar de dos momentos tensos, con algún cruce de reproches que no llegaron a más. Al final, unos y otros se fueron por donde vinieron.

No llegó a haber juicio. Las 18 personas procesadas reconocieron los hechos que se les imputaba a cambio de una reducción de la condena. Además, se les tuvo que aplicar la atenuante de dilaciones indebidas debido al tiempo transcurrido entre los hechos y el juicio. Unos acataron una pena de cuatro años de prisión ?los que fueron sorprendidos con droga en su poder? y otros de apenas 24 meses. Antes del juicio, el fiscal solicitaba penas de 11 años.

A Coruña y Cambre

Cuando unos y otros miembros de ambos clanes estaban a bien eran una organización dedicada al tráfico de droga en A Coruña y Cambre. Fue en esa localidad donde comenzó la investigación que terminó con todos ellos ante el juez, después de que un grupo de vecinos de Sigrás denunciase que en una casa el trapicheo de droga era más que descarado.

Los investigadores, a raíz de las conversaciones telefónicas, descubrieron que los cabecillas de la organización era una pareja que se dedicaba a vender cocaína y heroína a los demás acusados, quienes a su vez suministraban las sustancias a los consumidores.

Los guardias civiles registraron los domicilios de los sospechosos. Cuatro de las viviendas estaban situadas en el municipio de Arteixo; y tres, en el asentamiento chabolista de Penamoa. Los imputados, según consta en el informe que realizaron los funcionarios, guardaban en sus casas heroína y cocaína, un arma y diversos efectos destinados al tráfico de drogas.

Seis móviles y droga

Además, en el váter de la chabola de uno de los acusados había ocultos 28 envoltorios con droga. Y sobre una estantería había seis teléfonos móviles. La droga localizada en ese chamizo alcanzaría un precio de venta en el mercado de 318 euros, según los peritos. En las otras barracas del asentamiento, los agentes de la Guardia Civil hallaron heroína, bolsas de plástico y una balanza de precisión. «Las cantidades de dinero intervenidas en las casas procedían de la venta de drogas y las sustancias tóxicas aprehendidas eran poseídas con el fin de destinarlas a su venta a terceros», subrayaba la Fiscalía en su escrito de calificación sobre los hechos, en el que destaca que, en uno de los domicilios situados en Arteixo, los investigadores descubrieron un arma «en adecuado estado de funcionamiento». En prisión también los tendrán separados a unos de otros.