El cielo amenazaba con estropear el segundo mejor día del año para muchos niños -el primero acostumbra a ser hoy-, pero finalmente el poderío sobrenatural de los Reyes Magos de Oriente consiguió alejar unas nubes que solo descargaron lluvia en los momentos iniciales del desfile, que comenzó después de que sus majestades fueran recibidos en la estación de trenes por el concejal de Fiestas Carlos González-Garcés a las cinco de la tarde. Media hora después se encendían los motores de las trece carrozas que formaban la comitiva real que finalmente acabó en la plaza de María Pita dos horas después.
Cuando las gotas comenzaron a caer sobre las quinientas personas que, entre figurantes, personal de organización, protección civil y bomberos, formaban la parte humana de la cabalgata, los integrantes del cortejo real se propusieron detenerlas con música cargada de ironía. Así, los zancudos cantaban aquello de «que llueva, que llueva, la virgen de la cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que caiga un chaparrón...», mientras que un grupo de niños que acompañaban al barco pirata redoblaban la ironía atacando el éxito Hace calor popularizado por Los Rodríguez. Estos variados conjuros sonoros consiguieron su objetivo antes de que la cabalgata alcanzase la plaza de la Palloza.
A esas alturas cualquier seguidor mínimamente atento del cortejo real habría visto una serie de variadas técnicas a la hora de recoger los caramelos que se lanzaban desde las carrozas. El método más evolucionado consistía en poner el paraguas abierto hacia abajo, de manera que un ingenio inventado contra la lluvia se convertía en un gran recogedor de golosinas. También estaba la técnica de los más impacientes, que pasaba por reclamar la atención de los lanzadores de dulces de las carrozas con gritos y movimientos de brazos. Esta técnica requería bastante rapidez para agarrar el caramelo en el aire. Sin embargo, la forma más común de conseguir los codiciados trofeos pasaban por rastrear el suelo sin descanso tras el paso de cada carroza.
Los espectadores también utilizaron sus dotes de estrategas a la hora de situarse en los mejores lugares para ver pasar a los Reyes Magos. Aunque las dos horas que duró un recorrido bastante largo permitió que hubiera sitio para todo el mundo, los más interesados en seguir las evoluciones reales tenían los puentes y los balcones como uno de los lugares más privilegiados, e incluso se pudo ver a una familia que en la Marina había colocado una escalera plegable para que nadie, fuese lo alto que fuese, les impidiese contemplar la cabalgata sin ningún tipo de interrupción.
Cuando no hubo problemas de visibilidad fue en el colofón de la cabalgata. Javier Losada cedió el balcón del ayuntamiento a sus majestades, desde donde prometieron que traerían regalos a todos los niños -«si no es mañana, será en los próximos meses», puntualizó Gaspar-, aunque el alcalde coruñés intercedió ante la realeza oriental al explicar que «todos los niños y niñas de la ciudad habían sido muy buenos este año», y que merecían muchos regalos.
También en la comarca
En el área metropolitana, la cabalgata que más público congregó fue la de Betanzos. Hasta cuatro mil personas, según la Policía Local, siguieron el recorridos de los tres Reyes Magos hasta la plaza García Naveira. Una vez allí, los de de Oriente repartieron los regalos entre los más pequeños. La banda municipal de Arteixo guió los pasos de las cinco carrozas por la localidad. La comitiva partió del Ayuntamiento hacia el centro de salud y desfiló por la travesía de Arteixo y avenida de Finisterre, para regresar de nuevo a la casa consistorial. Efectivos de la Policía Local y Protección Civil vigilaron la cabalgata, que culminó con el reparto de regalos en el Pazo dos Deportes. Unas 2.500 personas, en su mayoría niños, recorrieron el casco urbano de Sada para poder ver de cerca a Melchor, Gaspar y Baltasar. Un gran despliegue policial acompañó a las tres carrozas y al grupo de gaiteiros, que partieron de la Casa da Cultura, situada en el puerto, para recorrer las principales avenidas.