Lluvia, puente festivo y las compras navideñas fueron ayer los ingredientes de un cóctel devastador para los accesos rodados a la ciudad. Ninguna de las vías de entrada a la urbe se salvó de un colapso que vivió sus momentos más duros a partir de las seis de la tarde, cuando recorrer un kilómetro en alguna de las entradas de la urbe podía suponer diez minutos con la primera metida en el cambio de marchas. «El recorrido que suelo hacer hasta el bar de Pocomaco en el que trabajo desde mi casa en los Castros acostumbra a llevarme cinco minutos. Esta vez tardé media hora», explicaba María, camarera de un bar cercano a uno de las áreas de compras que más automóviles recibieron durante la tarde de ayer: la formada por establecimientos como Carrefour y el centro comercial Espacio Coruña. Y es que el acceso que da servicio a la zona desde la avenida de Alfonso Molina comenzó a atascarse a las cinco de la tarde. Una hora después internarse en esa vía requería infinita paciencia.
La misma virtud tenían que mostrar los que decidieron aprovechar los días libres del puente para realizar compras en la zona de la Grela. Establecimientos como Ikea (algunos usuarios aseguraron que tuvieron que soportar colas de una hora para lograr salir del aparcamiento a causa del colapso) o el Comcor fueron los principales polos de atracción de unos compradores motorizados que encontraban en la glorieta de Eduardo Diz su particular tumba automovilística. «Me llevó unos cuarenta minutos salir del atasco que se formó en la Grela y luego otros veinte atravesar la avenida de Finisterre», explicaba una de las sufridas compradoras que ayer se introdujo dentro del caos circulatorio.
La lluvia añadió peligrosidad a las maniobras de muchos conductores que intentaban evitar los atascos a través de rutas alternativas, ya fuese subiendo por la Zapateira desde Alfonso Molina y bajando luego hacia Pocomaco a través del campus de Elviña, o eligiendo la también transitada zona de O Burgo o la nacional 550. Los repentinos cambios de carril parecían haber sido la razón de los accidentes de escasa importancia que se produjeron en Alfonso Molina sobre las siete de la tarde o en el cruce del Pasaje a las 20.00. Ambas vías sufrían el rebote de las enormes colas que durante toda la tarde se produjeron en la AP-9.
Autopista
En la autopista, el embotellamiento comenzaba en el kilómetro 8 y se prolongaba hasta el 2. Esos seis kilómetros llegaron a suponer una hora de trayecto en ciertos momentos de la tarde para muchos automovilistas. «Aunque cuando llega la Navidad siempre pasan cosas parecidas, me parece que esta vez la crisis ha provocado que se vaya menos gente de vacaciones y que por eso en este puente más personas han venido a comprar en estos días», explicaba Pedro Sánchez, vecino de las nuevas torres de viviendas de la zona de Someso, desde donde se podía contemplar los embotellamientos de Alfonso Molina.
La avenida del Ejército era otra de las perjudicadas por los masivos desplazamientos. Y es que la zona centro evacuó y recibió una gran parte de los visitantes que ayer se internaron en la urbe. Las colas alcanzaban hasta la zona de las Jubias a media tarde. Los letreros luminosos de ordenación de tráfico sugerían a los automovilistas que se desviaran por el acceso del puerto en lugar de continuar por la avenida, pero cuando se incorporaban de nuevo se encontraban en Primo de Rivera con un atasco que los devolvía a la realidad: demasiada gente había tenido la misma idea al mismo tiempo.
Y cuando parecía que la situación se había normalizado, en zonas como Alfonso Molina y la carretera de Pocomaco las caravanas volvieron a aparecer hacia las diez, en este caso, en sentido salida de la ciudad, tras el cierre de los espacios comerciales.