Los juzgados de paz de la comarca coruñesa tienen que atender a una ingente labor, que incluye gestionar el registro civil, actos de conciliación y juicios verbales
02 nov 2010 . Actualizado a las 12:06 h.Los actos más felices y los más tristes de la vida acostumbran tener al mismo protagonista en los pequeños concellos: el juez de paz, encargado de un registro civil por el que pasan acontecimientos tan dispares como una boda, un fallecimiento o un nacimiento. Dentro de la labor de esta figura que cada cuatro años eligen los miembros de la corporación local de turno también se encuentran los actos de conciliación -?en los que dos vecinos pueden arreglar problemas suscitados, por ejemplo, por una finca-, ordenar el envío de exhortos -la comunicación que un juzgado envía a un ciudadano- o incluso juicios verbales causados por faltas como las injurias. Y toda esa labor está motivada por la vocación, ya que el único dinero que reciben los jueces de paz es una pequeña ayuda para gastos que ronda los 120 euros mensuales. «Muchas veces ni siquiera es suficiente para pagar los gastos del coche, ya que hay muchos jueces que viven a varios kilómetros del ayuntamiento y tienen que utilizar frecuentemente su automóvil», explica Juan Carlos Luaces, presidente de la asociación Jurisgal, que agrupa al colectivo.
Aumento de asuntos
El trabajo de los cerca de 270 jueces de paz gallegos no ha dejado de aumentar en los últimos años. Solo del 2008 al 2009 el Instituto Nacional de Estadística contabilizó un aumento superior al 15% en los asuntos civiles tratados en los juzgados de paz de la provincia de A Coruña, que pasaron de 21.017 a 24.247. También hubo más asuntos penales. Mientras que en el 2008 se registraron 35.081, en el 2009 fueron 36.023. La mayoría de estos últimos consistió en la tramitación de exhortos, que ascendieron a 32.263, aunque también tuvieron que atender 563 juicios de faltas. Los exhortos también fueron mayoría en los asuntos civiles -18.999-, aunque los cerca de ochenta jueces de paz de la provincia atendieron también 1.466 actos de conciliación y 57 juicios verbales dentro del ámbito civil.
Todo este trabajo chocaba hasta hace poco con una gran falta de medios, que actualmente Juan Carlos Luaces explica que han comenzado a aliviarse con ayuda de la Xunta. «Se están resolviendo los problemas de mobiliario en los juzgados, y ha comenzado a funcionar una intranet, que permitirá que si, por ejemplo, un juzgado coruñés quiere pedir un certificado a un ayuntamiento pueda conseguirlo de manera informatizada, en lugar de solicitarlo al juzgado de paz de turno», señala el presidente de Jurisgal.
Otra de las quejas clásicas de los jueces de paz es la ausencia de cursos de formación periódicos que actualicen sus conocimientos sobre temas legales. «Antiguamente se hacían, pero la verdad es que hace algunos años que ya no se organizan. Solían consistir en reuniones con dos magistrados, uno especializado en civil y otro en penal, que resolvían las dudas de los jueces de paz. Estaría bien que se volviesen a realizar, y que además de los jueces de paz acudiesen también los secretarios de los juzgados», señala Juan Carlos Luaces.
Y es que la desatención por parte del Ministerio de Justicia es otra de las quejas clásicas por parte de unos jueces de paz que sirven para evitar que el colapso judicial sea todavía mayor, ya que pueden filtrar una gran cantidad de temas judiciales que, aunque pueden ser clasificados de menores, acaban en las largas listas de asuntos pendientes de los juzgados ordinarios. «Nuestra labor sirve para que los juzgados queden más liberados», señala un Juan Carlos Luaces, que también explica la mejoría para el cargo que supondría ser nombrado por el Tribunal Superior de Xustiza de de Galicia en lugar de por las corporaciones locales.