Al hilo de la celebración, el 25 de octubre, del 129 aniversario del nacimiento de Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881), que nuestra ciudad recordó con una jornada de puertas abiertas en la casa coruñesa que habitó, hemos rememorado aquel importante final del siglo XIX, que nos trajo por ejemplo la inauguración por Alfonso XII de la línea de ferrocarril entre nuestra ciudad y Madrid (1883). Hablábamos hace pocos días que el mismo año de la venida al mundo de Picasso surgía la Coral Polifónica El Eco, con la presidencia de Pascual Veiga. Pues bien, en ese 1881, un mecenas coruñés, Eusebio da Guarda González, sufragaba la total reconstrucción de la antigua capilla de los mareantes para convertirla en un bello templo que hoy es orgullo de la urbe. Para engrandecerlo encargó al escultor y pintor Isidoro Brocos las tallas de diversos santos, dos de las cuales llevarían los nombres de los padres del benefactor. Brocos, santiagués de nacimiento, era profesor en A Coruña de modelado y vaciado de la Escuela Regional de Bellas Artes. Todas las esculturas, que hoy se pueden contemplar en la iglesia de la calle de San Andrés, están realizadas en madera de cedro. Pasados los años, en 1892, Brocos fue profesor y protector de un joven Picasso en el citado centro.
En 1881 tomaba posesión como alcalde Alejandro Brandao y un año después el Ayuntamiento admitía propuestas para construir una plaza de toros. Otras dos fechas de este singular final de siglo fueron, en 1886, el nacimiento de Salvador de Madariaga y dos años más tarde de otro ilustre coruñés, Pedro Barrié de la Maza, benefactor también de la capital coruñesa.