Tras dos años al frente de Dolce Vita este sevillano se ha adaptado plenamente a la ciudad, a su lluvia ?«y sobre todo a su gastronomía»
25 oct 2010 . Actualizado a las 12:11 h.Su acento delata su origen. Javier Moreno nació en Sevilla hace 38 años, pero ha vivido en media España por motivos laborales. «Es algo que, por suerte o por desgracia, se da mucho en este sector, en el que llevo ya 14 años trabajando», admite el gerente del centro comercial Dolce Vita, que celebra estos días el segundo aniversario de su apertura en la ciudad.
El periplo profesional de este coruñés de adopción le ha llevado a vivir en Ciudad Real, Canarias, Valladolid, Málaga, Madrid, Alicante «y no sé si me olvido de alguna ciudad», apunta. Esta movilidad no obedece a un desapego especial por la tierra -«al contrario, soy el más sevillano y el más andaluz de todos», afirma-, sino a una particular filosofía de vida: «Es una cuestión de mentalidad abierta. No creer jamás que tu tierra es el ombligo del mundo. Ese es el secreto para adaptarte allá donde vayas. Aunque la morriña no es un sentimiento exclusivo de los gallegos. Y no hay quien la evite», reconoce.
Llegó a la ciudad atraído por un reto: instaurar un gran centro comercial regional en una zona donde escaseaban. Y lo hizo a las puertas de la crisis económica: «Abrimos en octubre del 2008, pero el proyecto se remonta a mucho antes, de modo que la crisis era impredecible entonces. Es un momento delicado, pero decidimos tirar para adelante y salió bien». De hecho, Dolce Vita registra un 13% más de afluencia que en su primer año, la tasa de ocupación es del 90% y las ventas crecen ligeramente «a pesar de la que está cayendo», cuenta el gerente. Pero reconoce que queda mucho por hacer: «El niño nació bien, ya come y está dando los primeros pasos. Pero ahora tendrá que formarse y hacerse un hombre», explica Moreno, que aprovecha el símil para hablar sobre su futuro: «El destino dirá dónde termino. Ahora bien, si por mi fuese, llevaba al niño este a la mili y a la universidad».
Segundo hogar
Se muestra encantado en su nueva residencia. Y es que en A Coruña ha encontrado un segundo hogar. Se reconoce plenamente adaptado a la ciudad a pesar de las diferencias que guarda con su tierra de origen: «Quizá lo único que cuesta un poco es lo de la lluvia. Pero en general este clima es una gozada, con los veranos tan suaves comparados con los sevillanos. Realmente ha sido fácil adaptarse. ¡Sobre todo a la gastronomía!», admite Moreno, que se confiesa de buen diente y con querencia especial por algunos manjares que van más allá del consabido marisco: «Los percebes, las vieiras... Todo eso es una maravilla, pero a mí lo que me encanta es la tortilla de aquí. Será por la materia prima, pero es una delicia, un mundo aparte».
Otro de los factores que atrajeron a Moreno es la propia personalidad de los coruñeses: «Viven mucho en la calle, a pesar de la lluvia. Eso no se ve en otras ciudades». Por eso deshecha todos los estereotipos que existen sobre los gallegos en cuanto a su desconfianza a la hora de hacer negocios: «Eso es absurdo. Los gallegos no son en absoluto complicados en el trato. Ese tipo de mitos pesan también sobre los andaluces. Ya en la mili hice buenos amigos gallegos. Será porque ambos venimos de tierra de emigrantes», razona.