Los afectados por las inundaciones junto a la zona del Mandeo reclaman ayuda a la Xunta y al Concello de Betanzos
10 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Al menos una vez al mes, el Mandeo se cuela en casa de Carmen y Paco, en la ribera de Betanzos. Son ya treinta años de vida anegada por las mareas vivas, de ladrillos bajo las patas de la cama para que al menos el río no alcance las sábanas, de lavadoras aupadas a bloques para evitar cortocircuitos. Y lo mismo con la nevera.
Hace siete años, hartos de una vida anfibia, elevaron el nivel de la casa unos quince centímetros. Pero con jornadas como la del pasado viernes no hay escalón que impida el paso del agua.
Los vecinos asomaban ayer por la ventana de la cocina de Carmen para preguntar, sabedores de que cuando la Ribera se inunda este veterano matrimonio es el mayor damnificado. En el interior, la pequeña salita parece un desván con todos los muebles formando una pirámide. Carmen ya no cree en el Ayuntamiento, gobierne quien gobierne. «O anterior alcalde dixo que iba poñer unhas bombas para achicar, pero aínda estamos esperando», señala. «Agora din que non hai cartos, pero para cambiar as pedras da praza si que hai». Lleva años pidiendo una vivienda digna, exenta de charcos, pero las promesas también se ahogan. «Ninguén se acorda de nós».
«Cerrado por mareas vivas»
A unos cien metros de allí se sitúa el bar O Malecón, que toma el nombre de la zona. En el exterior reza un cartel escrito a mano: «Cerrado por mareas vivas hasta el martes a las 9.00 horas. Disculpen las molestias». El dueño, José Formoso, se pasará el puente limpiando el local cuando tenía previsto hacer una caja especialmente generosa con los turistas. El pasado mes de marzo, con otra marea viva azuzada por el viento y la lluvia, aprovechó el cierre por limpieza para dar una nueva capa de pintura a las paredes. En Betanzos ya se ha convertido en un clásico verle con la cinta métrica midiendo el nivel que alcanzó el agua en la barra del bar. Ha sellado todas las vías posibles para impedir la entrada del agua, pero ésta acaba entrando por el lavavajillas. También pide ayudas en medio de la resignación. «Creen que cuando el agua se va el problema desaparece».
En la Ribera rara es la vivienda sin botas de agua. Juan Ramón López tuvo que calzárselas el viernes para achicar el líquido elemento de la sala de contadores. Ayer comprobó que, de madrugada, el agua había vuelto a inundar su portal que despide un acentuado olor a humedad. No llegó a haber cortes de luz, pero el vecindario está especialmente preocupado por el generador enterrado en una plazoleta trasera. «Cando lle chega a auga vense as chispas».
En la zona del puerto los almacenes Iberia ya estaban sobreaviso. Todos los sacos de cereales se encontraban sobre tres o cuatro palés, con lo que el agua apenas causó daños. Fue la lección aprendida en las mareas de marzo, cuando tuvo que cerrar quince días para tirar material.
Después de varios años de tranquilidad, la zona de la Ribera y el puerto de Betanzos han recordado los peores episodios de los últimos años, donde han coincidido mareas vivas muy altas con temporales que han llevado el agua al interior de casas y negocios. Este jueves, la altura prevista era de 4,37 metros en la pleamar de la tarde. El pasado mes de marzo se registró la misma altura y también coincidió con unas condiciones meteorológicas adversas, que provocaron grandes daños en las naves de la ría. El pasado 9 de septiembre, la marea se elevó hasta los 4,45 metros, pero sus efectos fueron menos dañinos (aunque sí entraron en viviendas del Malecón) a causa del buen tiempo.
Hace catorce años
Todos los afectados coinciden en señalar que ninguno de los últimos episodios más destacados ha igualado al acontecido hace catorce años, cuando un temporal especialmente activo se recrudeció en el momento de una de las pleamares más elevadas que se recuerda.