Una foto de Alberto Martí descubre que la obra del pintor que está en el Vecchio era casi el doble de alta y en la parte superior incluía el reloj del Banco Hispano Suizo
08 oct 2010 . Actualizado a las 12:09 h.«¡Claro, claro! ¡Ese es el reloj! Y el mural seguía por el primer piso». Fernando Suárez, botones de la oficina que el Banco Hispano Suizo abrió en la calle Real en el verano de 1952, no oculta su sorpresa al descubrir una imagen que casi había olvidado. Es una fotografía cuyo autor, Alberto Martí Villardefrancos, fecha el día 5 de febrero de 1963 y en la que aparece el local que ocupa en la actualidad el café Vecchio, en la calle Real, pero cuando era sede de la entidad bancaria.
Lo más sorprendente de dicha fotografía es que el mural que el mismo Suárez vio en su día cómo lo pintaba Urbano Lugrís continúa hasta el techo, con un tamaño, al menos en la parte más cercana a la fachada del edificio, que duplica al que puede verse en la actualidad.
Un detalle que aviva los recuerdos de este gran admirador de Lugrís es el reloj que asoma por la parte superior de la foto y que está ubicado en el centro de una rosa de los vientos: «Efectivamente, el reloj estaba ahí», sostiene, sorprendido. ¿Qué fue de la otra mitad del mural?
Viendo la estructura del inmueble tras las diferentes reformas, todo apunta a que al cerrar la primera planta, entonces abierta, se construyó una placa de hormigón que habría partido por el medio el mural del pintor. Tanto el primer piso del edificio, como otros superiores, está ocupado en la actualidad por unas dependencias del Banco Etchevarría. El propietario de esta entidad está vinculado familiarmente con Fuencisla Marchesi, la dueña de dicho edificio, según indicaron desde el estudio Mas Arquitectura, autores de un proyecto de restauración y protección de este mural para el que están buscando los 50.000 euros que necesitan para llevarlo a cabo.
Iluminación en la mitad
El fogonazo de luz que parte la imagen que muestra al mural completo corresponde a la iluminación de la que Fernando Suárez explica que llamaban la sala de operaciones bancarias, algo que puede verse en otra fotografía, también tomada por Alberto Martí, en la que aparecen, al fondo del local, otros dos murales de Lugrís, uno sobre la actividad económica en la península Ibérica y otro con imágenes de temas tradicionales gallegos «había una vaca, un hórreo y alguna otra cosa», evoca.
Una foto similar de las dependencias del banco, también tomada por Martí, «fue publicada en una revista del Banco de Vizcaya en la que se hablaba de la economía gallega y aparecían las distintas sedes del banco en Galicia», según recuerda Fernando Suárez, aportando como prueba de ello la página de dicha publicación con dos imágenes una del interior de la oficina y otra del exterior de la calle Real, con el cartel de dicho banco y gentes paseando por dicho vial.
«Eso que estaba en el centro -explica Suárez refiriéndose a una especie de mesa que había en la sala de operaciones- le llamábamos el portaviones, era donde los clientes cubrían papeles del banco y en la parte de abajo la usábamos como ropero y allí guardábamos la gorra o los capotes de agua».
La parte baja de la oficina era la que estaba dedicada a la atención al público y en la primera planta estaba el despacho del director y otros cargos; todos ellos se encontraron al principio con los andamios que empleaba Lugrís para pintar el mural.
Actualmente, desde la calle Real, en ese primer piso, en el que continuaría el mural de Lugrís, se puede ver material de oficina, mesas y archivadores, pero nada de aquella Coruña idealizada que pintó Lugrís.