El ilusionista Juan Esteban Varela ofreció un espectáculo para ciegos dentro del certamen de magos que se desarrolla durante esta semana en la ciudad
21 sep 2010 . Actualizado a las 19:39 h.«Recuerde, esta noche usted es un brujo». Estas eran las palabras que la azafata decía a una de las personas que tomaba asiento en las butacas del auditorio de la Fundación Caixa Galicia. El espectador lo hacía a ciegas, con sus ojos ocultos por un antifaz para disfrutar del espectáculo en las mismas condiciones que los ciegos. Para ellos, fue para quien diseñó la función el ilusionista chileno Juan Esteban Varela. Algo que a priori parecía imposible -crear magia a oscuras- lo fue. Y nunca mejor dicho: por arte de magia.
A los brujos, se les unían las hadas y los druidas, todos afilando los sentidos al privarlos del de la vista, con ese cosquilleo dentro de no saber qué iba a pasar. Música misteriosa, azafatas que pasaban por los pasillos colocando una pequeñas tablillas en las piernas de cada asistente y un hombre, Juan Esteban, jugando con su voz a confundir y mantener la tensión con sus mensajes.
Casi todo en su show respondía a la psicología y la probabilidad. Enredando a la audiencia en laberintos -piensen en esto, hagan esto otro, ahora denle la vuelta- lograba que las 200 personas que acudieron a su función llegasen al mismo lugar: un «!Ohhhhhhh!» cuando todo funcionaba. Cuando no, las risas ante la excusa del mago: que las malas fuerzas mágicas habían llevado al espectador al lugar equivocado.
Todos los trucos giraban alrededor de la mencionada tablilla. En ella se podían encontrar varios elementos: un anillo, una moneda de cinco céntimos, cuatro cartas, una bolsa de cuero y una botellita. Tocando estos objetos y siguiendo las instrucciones del ilusionista brotaba esa magia. Al tratarse de un trabajo pensado para ciegos, ellos llevan cierta ventaja. El propio Juan Esteban lo advertía en un número de cartas basado en el tacto: «Una cara de la carta es lisa, la otra rugosa. Evidentemente, los ciegos se desenvolverán mejor aquí».
Y así, saltando de un número a otro, mezclando sugestión y fantasía, el chileno logró arrancar una salva de aplausos en su último número: una suerte de película colectiva con un final sorprendente. No es cuestión de romper el encanto desvelándolo. Hay que mantener el interés para quienes deseen acudir a la próxima función. Será el domingo 26 en el mismo escenario.