Una familia de Valladolid afincada en A Coruña acoge al cachorro que sobrevivió tras ser arrojado a un barco
14 sep 2010 . Actualizado a las 12:36 h.Anoche estrenó una nueva vida que, sin duda, será menos perra que la anterior, durante la cual alguien la arrojó a un barco del puerto junto con su hermano pequeño. Eran dos cachorros que la tripulación del barco Plateras rescataban la semana pasada, si bien el pequeño murió debido a la desnutrición. El mayor fue incluso rescatado del mar, al que había caído desde el barco en el que estaba. En un principio, cuando fue trasladado a las instalaciones de la asociación Gatocan pensaron que era un cachorro (incluso apuntaban que podía llamarse Drago , dado el lugar donde había aparecido, entre las dragas del puerto) pero finalmente resultó ser una hembra, que desde ayer ya tiene nombre, Pucca , casa y hasta «novio», bromeaban Raúl Laparra y Begoña, un matrimonio de Valladolid que lleva tres años residiendo en la ciudad, «por motivos de trabajo», y que en la tarde de ayer se hicieron cargo de maltrecho animal.
Explicaban que habían seguido la historia contada por este diario, «tanto la foto del primer día como la otra cuando contabais que había llamado mucha gente». Entienden que es lógico que Gatocan exija la firma de un contrato, «a lo que te comprometes es a tratarlo bien y que puedan venir a verlo»; sobre el nombre dicen que es «como las muñecas chinas esas», explicaba Begoña. Indicaba asimismo que ya tienen otro perro, Gin , «como guindilla, pero solo gin», un westy terrier con el que sus dos hijas, de tres y cinco años, están encantadas; «ya es un poco mayor y con las niñas se lleva muy bien, sobre todo con la mayor, que siempre le gustaron mucho los animales; ahora ya tiene novia», bromeaba.
En la tarde de ayer viajaron hasta Coirós para recoger a Pucca en Gatocán y llevarla posteriormente al veterinario, «ya tenemos uno al que vamos siempre», donde además de hacerle un reconocimiento le colocaron el correspondiente chip «y le ponemos la vacuna antirrábica, que aquí no es obligatorio pero en Castilla y León sí y para que cuando vayamos allí esté vacunado».
En menos de una semana, Pucca ha pasado del abandono total en un barco del puerto a tener una casa, un nombre, unas pequeñas con las que jugar y hasta un novio. Anoche empezaba una nueva vida, menos perra.