Una vida bajo el agua

El pionero del buceo en Galicia, Roberto Diehl, comparte con su hijo, además de nombre, la afición submarina


A Coruña/la voz.

Conversar con Roberto Diehl sobre buceo es como hablar con Luis Suárez de fútbol. Lo ha vivido todo. Desde que en la década de los cincuenta comenzó a sumergirse hasta un presente en el que sigue en la brecha como director de la escuela de buceo del Club del Mar de San Amaro, Roberto ha sido un pionero a la hora de ponerse botellas a la espalda en España -nunca digan bombonas delante de un buceador, o les dirá que esas son las del butano-. Ya fuese como uno de los promotores de la fundación de la federación gallega de actividades subacuáticas en los sesenta o haber creado la primera escuela de buceo del norte de España en la misma década, Roberto Diehl se ha sumergido por todo tipo de razones: enseñar, pescar, trabajar en reparaciones submarinas de barcos y otras estructuras marinas y, sobre todo, disfrutar de la belleza del fondo del mar. Esta última opción es su preferida actualmente y se le iluminan los ojos cuando habla de un próximo viaje a las islas Maldivas, actualmente una de las mecas de buceadores de todo el mundo.

Transmisión

Todo ese bagaje de conocimientos subacuáticos fue absorbido por su hijo Roberto de manera inconsciente. Nunca recuerda que su padre le hubiese animado especialmente a ponerse unas gafas de bucear, sino que los veranos familiares en la playa de Estorde de Cee provocaron el acercamiento al mar de un Roberto que actualmente pasa una gran parte de su tiempo de ocio practicando pesca submarina.

Entre los recuerdos subacuáticos que ambos comparten de manera más intensa son viajes a la costa egipcia de Sharm-El Sheiz, uno de los grandes puntos de atracción del turismo relacionado con el buceo mundial. «El problema es que esa zona ha cambiado mucho debido al excesivo turismo que soporta. Realmente la han destrozado. Cuando nosotros fuimos por primera vez en 1995 aquello era un paraíso, pero ahora tienes que ir apartándote de los buceadores, porque se organizan multitud de excursiones en grupo en sus aguas. Han acabado incluso con la población de pez emperador que había allí a fuerza de alimentarlos con cosas como huevos duros, que son alimentos que los acaban matando», explica Roberto hijo. Y es que la popularidad que han alcanzado los deportes subacuáticos en los últimos años ha provocado que un traje de neopreno haya dejado de ser un elemento extraño en una playa. «Recuerdo que cuando iba a los pueblos marineros de Galicia con el primer traje que tuve hace cincuenta años la gente se reunía asombrada para verme», explica Roberto padre sobre sus inicios en el buceo.

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