Las calles próximas al Obelisco lucen centenares de chicles en el suelo, que provocan los comentarios de paseantes y vecinos
21 jul 2010 . Actualizado a las 12:31 h.En la ciudad hay 247.000 habitantes. Pongamos que la mitad tiran todos los días un chicle al suelo; serían 123.500 los pegotes que mancharían la calle. Pues una cifra similar deben sumar «los lunares del Cantón». Así se refiere Matilde Corredoira a los chicles pegados que desde hace meses lucen en una de las zonas más transitadas, el Obelisco. Mientras los comerciantes que lo rodean se enorgullecen del triunfo de la selección poniendo carteles con la bandera de España, algunos se quejan de la falta de limpieza en sus calles y dicen que la culpa en realidad es de la gente que ensucia.
«En países como Alemania es la propia gente la que se encarga de vigilarse a sí misma», expresa Antonio, comerciante de la Zona Obelisco que lleva viajando por Europa desde 1985. Antes de echarle la culpa a las autoridades, asegura que «debemos cambiar la conciencia cívica». Por su parte, Matilde se inclina más por el método sancionador. «Hay que multar», advierte. «Cuando estuve en Singapur nadie tiraba cosas al suelo porque les hacían pagar. Si nos tocaran el bolsillo, otro gallo cantaría». Pone el ejemplo de los accidentes de tráfico, que han disminuido desde que han empezado a sancionar las infracciones.
No solo ellos dos comparan la situación con la de otros países. El quiosquero de la plaza de Mina también estuvo en Alemania y cuenta que allí se le ocurrió tirar un chicle al suelo, y entonces un señor que pasaba por su lado le indicó que lo recogiera. «Es un tema de educación, tanto en casa como en el colegio. Deberían sacar a los niños por la calle a enseñarles cómo mantener limpia su ciudad igual que los llevan a museos».
Al día, 70 paquetes de chicles
Este señor asegura que en su quiosco vende una media de 70 paquetes de chicles al día, «lo que equivale en dinero a unos 45 euros». Y a pesar de haber una papelera cada pocos metros, la mayoría de esas gomas de mascar van al suelo. También es verdad que el Ayuntamiento tiene unas máquinas especiales para quitarlos de las baldosas y, de hecho, pasan semanalmente. Pero no son capaces de levantar los más incrustados.
Matilde no entiende los argumentos de Vanesa. Ella, a diferencia de esta mujer que supera los 80 años, tiene 30 y confiesa ser una de las que tira chicles al suelo: «Lo haces por inercia. Aunque sabes que está mal, como el suelo ya está sucio y la mayoría de la gente lo hace, no le das tanta importancia». Parece difícil ponerse de acuerdo, pero como dice Antonio: «Si en otros países se puede, aquí también».