Vecinos del Ventorrillo salen a mojarse contra la droga

María Castrillo A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

«¡Papelinas! Tres por el precio de una». Las calles de la ciudad, desde el Ventorrillo hasta María Pita, se inundaron ayer de agua y de estas frases en boca de 13 vecinos de ese barrio. Cansados del tráfico de drogas en su zona, simularon poner barata la venta de papelinas para mostrar el deseo de deshacerse de ellas sin desentonar en el primer día de rebajas.

«Una vez más no se han cumplido las promesas después de 25 años con el problema del tráfico de drogas. El jueves terminó el plazo en el que supuestamente Penamoa iba a estar totalmente desmantelado, según nos dijo la concejala Silvia Longueira el 28 de marzo», explicó la presidenta de la Plataforma Ventorrillo, Ana Oreiro.

Junto ella se manifestaron los otros nueve miembros de la plataforma y tres vecinos más. «No hemos convocado a todos porque ya hicimos una manifestación multitudinaria hace poco. Lo de hoy es más simbólico, pero venimos en representación de muchos que piensan como nosotros», explicaba una de las asistentes. Ana recordó que unas doscientas personas estaban presentes cuando la concejala de Asuntos Sociales, Silvia Longueira, hizo su promesa en el María Barbeito. Aun así, los de la plataforma no entienden por qué desde la asociación de vecinos no se pronuncian: «Están muy politizados. Pero entiendo que ya no tengan ganas de luchar cuando llevamos tanto tiempo sin recibir ayuda». Aunque se haya procedido desde el Ayuntamiento al realojo de quienes viven en las chabolas, desde la plataforma explican que «no se puede olvidar el punto del Plan Especial de Penamoa, firmado en abril del 2008, que habla del fin del narcotráfico. Si la droga sigue en nuestro barrio van a seguir viniendo a comprar y vender aunque están realojados», aseguran.

Además de sus voces también se sirvieron de las manos para la denuncia. Cuatro hombres portaban una chabola de madera que representaba a todas las que existen en el poblado de Penamoa. Dentro de ella había una réplica. La entregaron en el registro del Ayuntamiento junto a un escrito donde recordaron a Javier Losada las promesas no cumplidas de retirar la droga y de garantizar la seguridad ciudadana.

En la puerta de la chabola había un cartel que decía: «Se bende fariña» (sic). Con harina rellenaron también unas bolsitas atadas por arriba para dejarlas en la Delegación del Gobierno simbolizando la cocaína que se vende en Penamoa. Pero en el registro de la Delegación no lo aceptaron, aunque sí pudieron dejar un escrito dirigido al delegado, Antón Louro. En ese documento también le recordaban que tiene pendiente una petición de reunión desde abril.

«Aquí nacín e aquí morrerei»

La mayor de los trece es Pilar Alonso Soto. Tiene 80 años, los mismos que lleva viviendo en el barrio y se niega a que «el lugar donde estábamos como en familia se haya convertido en un sitio tan inseguro». Pilar contó indignada que hace pocos días unos niños la apedrearon a ella y a unas amigas. «A estos niños no les dice nada la policía», afirma. Pilar defiende a su barrio por encima de todo porque, como ella dice: «Aquí nacín e aquí morrerei».