Se acabaron las tazas del Odilo

María Novoa A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

La legendaria taberna de la calle de la Torre echó el cierre para sorpresa y pesar de muchos de sus clientes

02 jul 2010 . Actualizado a las 13:54 h.

La taberna Odilo, con más de medio siglo de antigüedad, cerró el miércoles sus puertas sin que se enterasen muchos de sus vecinos de Monte Alto. Los habituales de esta taberna con toneles de vino y curiosa decoración tendrán que buscar ahora un nuevo punto de reunión para seguir compartiendo tazas y conversación de la misma forma que hacían en el Odilo.

La continuidad del local tuvo un momento de incertidumbre en mayo del 2001, cuando Odilo y su mujer decidieron jubilarse. Entonces fue cuando Luis Ángel, un cliente habitual, decidió tomar las riendas del local para que el negocio siguiese adelante.

El Odilo era un bar de barrio, donde todo el mundo se conocía y existía una gran confianza. Eran como una gran familia en la que cada uno entraba y salía de la barra cuando le apetecía. Un cliente veterano recuerda los días de su juventud, en los que iba a tomar tazas y pedía un chorizo para compartir, ahora las cosas cambiaron y solo se toma una cerveza por la tarde, porque «el cuerpo ya no aguanta tanto; cuando era joven podía ir de bares toda la tarde, que no pasaba nada, pero ahora no es lo mismo». Los empleados se definen como los más cachondos de la ciudad, mientras bromean con las historias que recuerdan del bar.

Si por algo se caracteriza el Odilo es por sus toneles de vino y las cenas que en él se servían. El fin de semana se llenaba y se mezclaba la gente mayor con gente joven que salía de fiesta. El pulpo con grelos y los percebes eran los platos más conocidos.

Entre la decoración nos podíamos encontrar cualquier cosa: sombreros de diferentes formas, banderas, expositores de patatas, carteles ocurrentes, fotos de jugadores de futbol, un cuadro de las meninas customizado o un muñeco sentado en un váter al que echaban una moneda cada vez que perdía el Celta eran algunos de los objetos singulares que formaban parte del mobiliario. Las paredes de este local eran un pequeño museo en el que el tiempo se detenía para dejar paso a las conversaciones entre amigos. Incluso hubo temporada en la que el techo estaba apuntalado y los clientes convivían con las vigas de hierro. «La calle de la Torre no será lo mismo», decía una vecina muy apenada mientras miraba el local cerrado. «Aquí pasamos muy buenos momentos, sobre todo los martes de carnaval, que se montaban unas jaranas buenísimas. La gente ese día sube y baja por la calle tomando vinos en los bares, y el Odilo para nosotros era un parada obligada», comentaba.

Para otra, «están matando a los viejos, les cierran los bares, ya no quedan tabernas como las de antes». El Odilo cerró y con él desaparecerán los barriles que tan famoso lo hicieron hace más de cincuenta años.