Adiós al bar más Universal

María Novoa / F. Molezún A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

Clientes y amigos se despidieron ayer del local de la estrecha de San Andrés, que cerró anoche sus puertas después de una cuenta atrás de seiscientos días

01 jul 2010 . Actualizado a las 16:35 h.

El bar Universal cerró al público con un sabor agridulce después de diecinueve años de funcionamiento. Rubén, el dueño del local desde hace diez años, se emocionó al preguntarle qué va a pasar cuando se levante esta mañana. Sus palabras sonaron tristes mientras contestaba que la cuenta atrás acabó y con ella el número cero llegó al cartel que llevaba 600 días anunciando este momento. Ahora solo queda empaquetar cosas e intentar centrarse en su nuevo proyecto. Su idea es montar una nueva cafetería cerca de la plaza de Pontevedra, aunque reconoce que será diferente porque tendrá otro estilo. Él lo compara con dos hijos que tienen el mismo origen pero son diferentes. De todos estos años se queda con los buenos momentos que vivió allí y la sensación de que ahora tiene una gran familia. Agradece a todos los que pasaron por su bar e hicieron que su proyecto lo convirtiese en una de las cafeterías más conocidas de la ciudad.

Los clientes apuraban las últimas consumiciones mientras recordaban las horas que pasaban en el local. Nacho, Carla, Gorka y Eduardo no saben qué harán ahora, porque este era su punto de encuentro desde hacía ocho años y no creen que encuentren una cafetería que pueda sustituir a esta. Nacho y Carla afirman con una sonrisa que irán a donde vayan los dueños, «lejos de la especulación inmobiliaria». Para ellos, el Universal es como su casa. Hay días que llegaban a las cuatro de la tarde y se iban a las tantas de la mañana. Son amigos de los camareros y coinciden con mucha gente conocida, les gusta que no haya televisión para poder charlar tranquilamente o escuchar la música, sin nada que pueda distraerlos. Fueron muchos días los que pasaron jugando al parchís o conectados a la red wifi viendo cosas en Internet. Bromean con la idea de llevarse dos mesas y unas sillas y montar su propio Universal en casa, mientras esperan el momento en el que se cierre la reja, para llevarse los recuerdos de todos estos años.

En la mesa de al lado están María y Miguel, que hacía tiempo que no pasaban por allí, y decidieron acercarse a ver qué pasaba. María se define a sí misma como morbosa, y prefirió enterarse en persona de cómo el Universal echaba el cierre. Ellos también van a notar la falta del bar porque creen que no quedan locales «con esencia», y cuando comentan esto se acuerdan de otro bar conocido que cerró hace tiempo, el Marfil, en donde solían pasar las tardes. María cree que los bares «de toda la vida» deberían seguir funcionando porque son más acogedores que las cafeterías que abren últimamente, donde se llevan las cristaleras, las mesas de diseño y los espacios más diáfanos, en los que a veces puedes sentirte como si estuvieses dentro de una pecera o un escaparate.

En fin, el Universal cerró sus puertas y con él un rincón acogedor de la ciudad.